Enaltecer a los piratas

Escrito por Juan Drewjn

En los últimos meses se vivieron épocas duras para la comunidad solidaria en internet, específicamente para los que sostenemos que el conocimiento científico es un bien público y debe ser accesible a todos. El hecho de que hace poco la dirección de Sci-Hub en uno de sus dominios originales (.io, antes .org) ha dejado de estar abierta para muchos. Y la fundadora del sitio Alexandra Elbakyan ha enfrentado los resultados negativos de demandas, como la de Elsevier (empresa que se encarga de hacer accesible varios journals/revistas científicos) en 2015, la cual ocasionó que en 2017 se instigue a pagar 15 millones de dólares por daños a las revistas.

Esto recuerda a años anteriores en los cuales se encarceló a miembros fundadores de Thepiratebay, o se condenó a prisión a activistas por la libertad de internet como Aaron Swartz. La tiranía del copyright no acabó y pretende dominar todo lo que esté a su paso.

¿Qué es Sci-Hub y cómo funciona?

sci hub

Sci-Hub es un sitio en el cual uno a través del DOI (Identificador de objeto digital por sus siglas en inglés), puede dar con artículos científicos -papers- completos, de manera gratuita. Fue creado en 2011 cuando Elbakyan realizaba una tesis que requería revisar muchos papers publicados en diferentes journals, como gran parte de los journals reconocidos brindan los papers a través de suscripciones pagas o como se los suele llamar ‘muros de pago’, la tarea de investigadores como Elbakyan se dificultaba a menos que tengan acceso a esas suscripciones (a través de instituciones o a través de poder adquisitivo.)

Una forma de acceder a papers es publicar en foros o en twitter con el Hashtag ‘icanhazpdf’ el problema es que una persona tiene que tomarse la molestia de entrar al journal donde está el paper publicado, descargarlo y enviárselo al usuario que hizo la petición. Lo que hizo Elbakyan es, a través de donaciones de cuentas con capacidad de acceder a los journals pagos, dejar a disposición el paper específico, o sea lo que sucede es simplemente un usuario compartiendo su suscripción para que otro usuario pueda leer material académico. Lo que molesta a las compañías es que esto se empezó a dar de manera masiva generando quizá pérdidas millonarias por el supuesto de que cada paper descargado de manera gratuita podría haber sido adquirido a través de una suscripción paga.

Posteriormente a su lanzamiento Sci-Hub empezó a trabajar en colaboración con otro sitio llamado Libgen, una biblioteca virtual que almacena tanto libros como papers, a diferencia del funcionamiento en los comienzos de Sci-Hub, Libgen almacenaba los papers por lo que al momento de complementarse, los papers requeridos de Sci-Hub se empezaron a almacenar en Libgen, de esta forma facilitando los posteriores pedidos de esos papers.

Una forma de escapar de las leyes de copyright es mantenerse fuera de los países donde existen las restricciones legales más estrictas, así escaparon por años los creadores de Thepiratebay, y así está sobreviviendo Sci-hub y Libgen ya que cuentan con servidores dentro de Rusia.

Por qué es importante apoyar estos proyectos

Desde los argumentos más simples como la idea de que el conocimiento científico debe ser de todos hasta los contraargumentos hacia el copyright y el apoyo a la libertad de compartir se puede defender la existencia de sitios como Libgen y Sci-hub.

Mi postura se basa tanto en la libertad para compartir archivos -y bienes en general- como en los beneficios de proveer a la población de las herramientas para avanzar en el carácter científico de la sociedad en su conjunto. Lo que hace al conocimiento científico o a la información en general un bien público es su carácter de costo marginal cero o mínimo a la hora de brindárselo a un individuo adicional, esto quiere decir, por el hecho de que alguien más conozca las leyes de la termodinámica no existe algún tipo de desgaste ni pérdida sufrida por algún otro conocedor de estas leyes. Por otro lado, también tenemos una externalidad positiva para toda la sociedad ya que la persona instruida en el conocimiento científico puede lograr aportes que hagan progresar un campo específico de ciencia básica o que logren alguna invención que tenga beneficios para el público en general.

Extender el conocimiento a gran parte de la sociedad también puede: a) Incentivar a que las personas se dediquen a la investigación, ya que alguien que conoce las publicaciones y puede ver de manera directa los métodos, resultados o descubrimientos tendería a interesarse más por la ciencia que aquel que nunca tuvo la oportunidad de leer un artículo académico, b) Ayudar en la toma de decisiones del público en general, ya que si bien los papers o artículos muchas veces son técnicos y complicados de leer, pueden ayudar a algunos a informarse sobre aspectos prácticos de la vida cotidiana, ya sea sobre nutrición, medicina, deporte, etc. Además no solo está el efecto de ayuda directa, sino que a través de personas que logren informarse de los descubrimientos recientes y escriban para el público en general –o sea divulgadores- los ciudadanos pueden mejorar sus hábitos y sus posturas adaptándose a las evidencias, c) permitir a investigadores como Alexandra elaborar sus tesis e informarse con los descubrimientos más recientes en campos específicos.

En Stiglitz (1999) se argumenta que el conocimiento es un bien público global y además de mostrar los posibles beneficios para el desarrollo dados por la divulgación del mismo, se aconseja la provisión pública del conocimiento y un sistema de impuestos para evitar problemas del polizón. Si bien Stiglitz no habla exactamente de lo que se está discutiendo en este artículo, sus argumentos pueden ser usados para defender la piratería y en algún futuro la articulación de fondos internacionales que permitan liberalizar el acceso a todos o la mayoría de journals del mundo. Como se mostró arriba, además, hay externalidades positivas de de la divulgación de papers que no solo benefician al individuo sino a la sociedad.
Adelantándome a una objeción, voy a esbozar uno de los argumentos que se me viene a la cabeza contra la difusión de información: Permitir el acceso a todo tipo de papers o libros podría conllevar que las personas crean afirmaciones controversiales lo que podría llevar a la difusión de ideas falsas con todo lo negativo que esto trae. Primero que nada es importante mostrar que hoy en día las personas ya están expuestas a toda una cantidad de ideas falsas como las exageraciones de los resultados de ciertos estudios publicitados por diarios de todo el mundo, el acceso a los papers podría ayudar a que las personas revisen los estudios por sí mismas y puedan darse cuenta de que los titulares y contenido de los diarios amarillistas no son legítimos, en segundo lugar abrir el debate permitiendo a las personas leer tanto papers defectuosos como libros ‘sesgados’ podría conllevar al encuentro con una nueva verdad, adhiriendo a la postura de Mill (1985) incentivar el debate y las contrastaciones de todo tipo de ideas es beneficioso en cierto sentido ya que además de poner a prueba la capacidad de razonamiento puede llevar al descubrimiento de diferentes posturas aunque no todos tomen la más razonable siempre. Permitir a la gente el acceso a material académico en este sentido parece no tener muchos problemas.

Por otro lado, la propagación de material pirateado puede ‘forzar’ a las revistas a reducir sus precios o mejorar el servicio, de la misma manera que Netflix y Spotify surgieron de cierto modo para seguir lucrando con la venta de contenido películas y música respectivamente, tal vez pueden surgir journals que permitan el acceso a papers a un precio más accesible.

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Cómo descargar papers utilizando sci-hub

1) Identificamos el DOI del paper que queremos descargar, esto se puede hacer utilizando la función de buscar palabras -ctrl + f- o buscar el paper a través de Mendeley, progama el cual indica toda la información específica del artículo.

2) Una vez con el DOI entramos a Sci-Hub a través de cualquiera de sus mirrors:
http://sci-hub.la/

http://sci-hub.hk/

http://sci-hub.mn/

http://sci-hub.name/

http://sci-hub.tv

http://sci-hub.tw

Si en algún momento estos links se caen, a través del twitter de Sci-Hub se pueden encontrar más o buscando a través de Google.

3) Simplemente hacemos click en ‘open’

Cómo descargar libros en inglés a través de Libgen

La biblioteca de Libgen es muy completa, para buscar cualquier libro –el 95% de los libros subidos están en inglés- solamente hace falta ingresar el nombre del libro o autor en el buscador y descargar a través de una de las opciones http://libgen.io

Con Libgen también se pueden descargar papers, si no funciona Sci-hub, Libgen es una buena alternativa.

Libros en español

Entre las formas de descargar libros en español, una de las más simples es buscando el libro en ebiblioteca.org. Otras formas incluyen, buscar el libro a través de grupos de Facebook como por ejemplo:

Libros en PDF 

1000+ Libros Gratis en PDF 

Libros Para Todos (Pdf, Epub y mas) 

O buscar el libro en google sumando ‘Fyletipe: PDF’ un ejemplo sería:

Sobre la libertad Fyletipe: PDF

Google también permite buscar ebooks gratis de su biblioteca, para eso en las opciones de búsqueda elegimos libro y en herramientas ‘ebooks google gratis’

lbuscar libros

Método para conseguir libros en Amazon

Otra forma un poco más controversial de conseguir libros digitales es comprar algún libro en Amazon, en su versión kindle, y después pedir reembolso, pero antes de esto se debe quitar el DRM del libro (con algún software tipo Calibre) y pasarlo a otro formato como PDF.

Algunas ideas/recomendaciones para un futuro mejor

Dado que el conocimiento -ya sea en forma de libros o papers- implica bastantes externalidades positivas, difundirlo tiene un costo marginal cercano a 0 y al mismo tiempo cuesta bastante contenerlo (ya sea a través de patentes o de journals con acceso restringido) sería positiva la existencia de una organización supra nacional que a través de recaudación de fondos a los países ricos brinde el acceso a la mayor parte de journals del mundo, como también a los libros más importantes o usados en las carreras de todo tipo.

Esta recomendación va en concordancia con el internacionalismo que se puso en marcha con los tratados de la segunda posguerra mundial y de la cual fueron proponentes intelectuales como Russell. Del mismo modo la idea se puede aplicar de manera local a través de bibliotecas virtuales que permiten reducir los costos y hacen más real la idea de no rivalidad en el consumo ya que, en una biblioteca convencional, si alguien retiró un libro yo no puedo leerlo.

Permitamos que todos nos podamos sentar en hombros de gigantes.

Referencias

Stiglitz, J. E. (1999). Knowledge as a Global Public Good. In Global Public Goods: International Cooperation in the 21st Century (pp. 308–325). http://doi.org/10.1093/0195130529.001.0001

Stuart Mill, J. (1985). Sobre la libertad. Madrid: Orbis, 32.

 

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Por qué incluso Gustavo Cordera merece libertad de expresión

Escrito por Aaron Marco Arias

En 2011, el Comité de Derechos Humanos de Naciones Unidas declaró al Derecho a la Libertad de Expresión e Información como un meta-derecho [1], esto es, un derecho de cuyo cumplimiento depende el cumplimiento de todos los demás, un derecho base, si se quiere.

 
Esta preocupación particular por la libertad de expresión se debe a que una sociedad en la que el derecho de uno a denunciar violaciones de los derechos humanos no está garantizado, es una sociedad en la que ningún derecho lo está realmente. Ya que, incluso en un sistema que aspirase a garantizar el cumplimiento de ciertos derechos, de estar restringida la expresión, no podrían reportarse eventuales fallas en él.

 
Aquí, en occidente, a pesar de que la mayoría de nuestros Estados fueron estructurados para operar democráticamente, y a pesar de que una democracia sin libertad de expresión es imposible, debemos constantemente reafirmarnos su valor, y los peligros de la censura.

El censor es avaro, de ser encomendado un milímetro, pronto, presentándose como actor necesario en causas nobles, intentará convencernos de darle un kilómetro.

Hoy en día, en nuestra legislación, el área de concernimiento del censor está demarcada en arena.

El día 9 de agosto del año pasado, el músico Gustavo Cordera fue entrevistado por estudiantes del Taller Escuela Agencia, con los que compartió algunas de sus opiniones sobre las mujeres y la edad de consentimiento legalmente estipulada. Cordera dijo:

 

“… “Hay mujeres que necesitan, porque son histéricas, ser violadas, porque psicológicamente lo necesitan y porque tienen culpa y no quieren tener sexo libremente. Quieren jugar a eso. A mí no me gusta jugar a eso, pero hay gente a los que sí. Somos muy complejos los seres humanos (…) Es una aberración de la ley que si una pendeja de 16 años con la concha caliente quiera coger con vos, vos no te las puedas coger. Si yo tengo algo bueno para darte puedo desvirgarte como nadie en el mundo. A mí hablame de cómo te sentís y te entiendo, pero si me hablás de los derechos no te escucho porque no creo en las leyes de los hombres, sí en las de la naturaleza…” [2]

Opiniones tan repulsivas fueron unánimemente condenadas en los medios de comunicación, y, probablemente, la gente que frecuento no sea una muestra representativa de la población general — pero, hasta el día de hoy, no he escuchado a nadie ser sino condenatorio al respecto.

Además, tras compartir estos pensamientos espantosos, Cordera tuvo su agenda profesional severamente acotada, y, desde entonces, grupos de activistas intentan sabotear cada una de sus fechas.

El juicio público fue debido, y debido fue también que sus aliados comerciales cortaran lazos con él. Mediante el repudio y el perjuicio profesional de quienes tienen opiniones opuestas a los valores de la comunidad, la comunidad regula su moral. Tener las opiniones que Cordera tiene es socialmente inadmisible, porque todos hemos consensuado que mantener relaciones sexuales con adultos es pernicioso para un menor, y que la violación es un crimen atroz e injustificable.

El movimiento Ni Una Menos (al que no me pliego, al considerarlo deficiente en aspectos sobre los que no puntualizaré ahora), ha sido tremendamente convocante, y, a pesar de sus vaguedades, carencia de agenda, y acefalía, ha logrado fortalecer algunos códigos de conducta. Gente como Cordera ya no puede ventilar opiniones de este estilo, en público.

No creo, de todas maneras, que las opiniones de Cordera deban ser ilegales, porque ninguna opinión debería ser ilegal.

Días luego de que Cordera intentara arruinar su carrera, el Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia, y el Racismo (El INADI) inició una causa administrativa por incumplimiento de la Ley Antidiscriminatoria (Ley N° 23592 — más sobre esto, luego), y se presentó como querellante en la denuncia que el Instituto Nacional de Mujeres hizo contra Cordera, por incitación a la violencia colectiva y apología del delito.

Esta última figura se plantea en el artículo 213, del Capítulo II, del apartado VIII (“Delitos contra el orden público”) del segundo libro de nuestro Código Penal. El artículo lee:

 

“Será reprimido con prisión de un mes a un año, el que hiciere públicamente y por cualquier medio la apología de un delito o de un condenado por delito.” [3]

Considerando algunas de nuestras leyes, diría que su rara aplicación es más bien un motivo de alegría.

No habría impedimentos técnicos para el enjuiciamiento de los adolescentes sobre la edad de imputabilidad, que mantienen blogs en los que se romantiza a homicidas. Citando el Artículo 213 podría hacerse delincuentes, también, de quienes han marchado por la liberación de Milagro Sala, y de quienes defienden a funcionarios del gobierno anterior, por haber “robado pero hecho”. Bajo el Artículo 213, también, podrían penarse ciertas estrategias adoptadas por la defensa legal de una mujer condenada por practicarse un aborto. [4] Ese es el asunto sobre las leyes que limitan la libertad de expresión: Vulneran las libertades de todos, y se ramifican de maneras inconvenientes para el bienestar general, viendo dónde hay expresión excéntrica, o evidencial de un problema que la excede, crímenes sin víctimas, cercenando el activismo, y privándonos de herramientas y conversaciones necesarias para la reforma de los aspectos de nuestra sociedad que no estén funcionando.

Esta vulneración es aún más grave, cuando las leyes que han creado un lugar para el censor en nuestro Estado, están tan deficientemente apalabradas.

El derecho de Cordera a tener opiniones que consideremos horribles es el derecho de todos a tener opiniones que otros vayan a considerar horribles. Defender a corruptos no es lo mismo que robar al Estado. Defender a caudillos no es lo mismo que ensamblar una milicia personal con gente que el Estado le ha dado a uno el derecho de hambrear. Decir que algunas mujeres necesitan ser violadas no es lo mismo que violar mujeres.

He escuchado a algunos opinólogos plantear que las declaraciones de Cordera ponen en peligro a las mujeres. A ellos preguntaría: ¿Cómo?

La opinión de Cordera es legislativamente irrelevante (Cordera no está en una posición desde la que pueda reformar la legislación argentina, y, si fuese así, sus propuestas estarían a dos cámaras legislativas de efectuarse); y la cultura se encargó de atajarla pronto. No necesitamos al Estado para reafirmarnos que violar está mal, y que no es sino vil, un hombre de mediana edad que gimotea sobre no poder fornicar con las niñas de 16 años que lo admiran.

Hace algunos días, preparándome para la escritura del presente, encontré la apelación de la Corte Suprema de los Estados Unidos, de la sentencia de Clarence Brandenburg, quien, en 1969, fue condenado a prisión, no por apología, sino por incitación al delito, tras emitir una serie de pronunciamientos racistas, en una reunión de miembros de una organización cuya división local él dirigía. La organización en cuestión era el Ku Klux Klan.

El fallo lee:

 

“…La libertad de expresión y la libertad de prensa no permiten que un Estado proscriba la reivindicación del uso de la fuerza o la violación de las leyes, salvo en los casos en que dicha reivindicación tenga por objeto incitar o producir actos ilícitos inminentes, y si fuera probable que inciten o produzcan tales acciones (…) como [395 U.S. 444, 448] lo señalamos en Noto v. United States, 367 U.S. 290, 297–298 (1961), ‘el mero acto de enseñar… la pertinencia moral o incluso la necesidad moral de recurrir a la fuerza y a la violencia no puede equipararse a preparar a un grupo para actuar violentamente e instigarlo para ese fin’…” [5]

En el fallo citado, se plantea como acto expresivo punible al sustento discursivo de actos criminales que se estarían gestando. El autor del acto expresivo punible no sería independiente de quien/es cometerían el delito, y no se condenaría tanto lo que hubiese dicho como la función que esos dichos tendrían, en cierto contexto.

La figura de apología del delito no está allí para protegernos de instigadores.

La figura de instigación “…a cometer un delito determinado contra una persona o institución…” está planteada en el Artículo 209 de nuestro Código Penal. La suceden las figuras de asociación ilícita (Artículos 210 y 210 bis), e intimidación pública (211) y  luego, el Artículo 212, que estipula una pena de tres a seis años de prisión, a quien incitase a la violencia colectiva contra un grupo de personas o institución.

El artículo 213 bis, plantea reclusión o prisión de tres a ocho años para quienes participen en agrupaciones “… permanentes o transitorias que, sin estar comprendidas en el artículo 210 de este código, tuvieren por objeto principal o accesorios imponer sus ideas o combatir las ajenas por la fuerza o el temor, por el solo hecho de ser miembro de la asociación…”

La figura de apología del delito puede encontrarse emparedada por crímenes graves que ponen en peligro nuestra democracia y nuestra seguridad. El crimen estipulado en el Artículo 213 no lo hace, ofende, en el peor de los casos, y la mera ofensa no debería ser una preocupación legal.

No es mi deseo abogar por Cordera, sino contra la legislación bajo la que se lo condena. Si las declaraciones de Cordera constituyen incitación a la violencia colectiva, depende de qué se califique como incitación. Estoy del lado de la Corte Suprema norteamericana, en mi convicción de que no debe rotularse como incitación más que a las manifestaciones retóricas de amenazas concretas. Bajo este criterio restricto, se atacan amenazas concretas, salvaguardándose la libertad de expresión.

Bien podría decirse que las declaraciones de Cordera son la manifestación retórica de la sociedad patriarcal, que mantiene a las mujeres justificadamente temerosas bajo la posibilidad sustancial de ser violadas, en cualquier momento, por cualquier hombre en su vida, y luego humilladas y descreídas.

Si debiese editar la oración precedente, para que cumpliese algún estándar de rigor intelectual, sería casi ilegible. Es una seguidilla de afirmaciones implícitas y explícitas que es irresponsable emitir, como a menudo se hace, sin data fehaciente. Independientemente de qué tan acertadas estas creencias sean, sería ridículo e indebido condenar a Cordera por “incitar” lo que, se arguye, es una tendencia social.

Incluso si viviésemos en un patriarcado en el que el delito de violación fuese epidémico, Cordera no estaría proveyendo más que un argumento remanido para justificar lo que, en su cultura, es costumbre.

En “Repensando la libertad de expresión desde el abordaje al Art. 213 del Código Penal argentino”, Noelia Matalone arguye por la revocación del Artículo 213, al ser este inconstitucional. En un análisis introductorio, plantea:

 

“ …la apología debe ser respecto de un delito o de un condenado por delito. Esto importa que la conducta prohibida, es decir el núcleo duro del tipo penal, no se conforma con la realización en abstracto. Me refiero a abstracción en el sentido de que no se consuma el tipo por el simple hecho de reivindicar una conducta delictiva desafectada de un caso concreto, o bien, vinculada a un caso real pero que no se encuentre determinado como tal en una sentencia judicial…” [8] 

En sus anotaciones, explica el caso de Andrés Calamaro, otro músico que ha emitido declaraciones inoportunas, si bien mucho menos disgustantes para la persona promedio. Calamaro, durante un concierto en la ciudad de La Plata, como bien parafrasea Matalone, aludió que el momento sería oportuno para consumir un cigarrillo de marihuana.

Matalone nota que, si bien Calamaro había sido procesado por violar el artículo 12 de la Ley de Estupefacientes (Ley N° 23.737), “ …la conducta cometida por el cantante no es pasible de subsunción en el art. 213 CP, porque como ya he dicho, se requiere la reivindicación o defensa de la conducta delictiva de otra persona, y en el caso, el Sr. Calamaro no refirió a nadie más que a sí mismo, y a sus ganas de fumar un cigarrillo de marihuana…”

Es probable, de todas maneras, que a nadie vayan a importarle estos asuntos hasta que se intenta arremeter contra alguien a quien sea políticamente redituable apoyar.

No es de mi interés defender a Cordera de la opinión pública. Cordera merece ser humillado, y rechazado, y convertirse en un paria en su industria. Alegremente es que me uno a la populosa cacofonía condenatoria de Cordera. No estoy humana ni artísticamente interesado en él, lo estoy sólo en cuanto él es un ciudadano del mismo país que yo, que está sucumbiendo injustamente bajo el peso de las mismas leyes bajo las que vivo.

Considerando el delito por el que Cordera está siendo procesado, y el texto de la Ley 23.592, que justifica la intervención del INADI en la causa, podría solamente señalarse a Cordera como eventual culpable de una de las modalidades discriminatorias planteadas en el primer artículo ( “…de algún modo [menoscabar] el pleno ejercicio sobre bases igualitarias de los derechos y garantías fundamentales reconocidos en la Constitución Nacional…”). Entonces, estaría “… obligado, a pedido del damnificado, a dejar sin efecto el acto discriminatorio o cesar en su realización y a reparar el daño moral y material ocasionados…” [6]

El damnificado aquí, según los textos de la INADI, es la sociedad civil. La solución aquí, según del INADI, es un pedido de disculpas público. [7]

El INADI no es una Organización No Gubernamental pequeña, el INADI no es una comisión de privados, el INADI es un organismo del Estado argentino. Tenemos a un organismo estatal pidiéndole a un ciudadano que retracte dichos que, de alguna manera nunca explicada, “menoscaban el pleno ejercicio (…) de derechos”. No debemos acostumbrarnos a vivir bajo un Estado que se comporte así.

El Estado, dotado del monopolio de la fuerza, y de la facultad de plantear a ciertas gentes peligrosas y privarlas de su libertad, llega a tocar la puerta de un ciudadano, y a pedir que se disculpe, arguyendo que con sus opiniones está haciendo las vidas de otras personas mas dificiles.

Pensando uno en lo que Cordera dijo, y en quién Cordera es, bien puede uno salvarse de la conclusión de que esto es absurdo y repulsivo, pero el asunto no es el caso particular, sino los mecanismos legales y los comportamientos a los que se tiende. Tenemos un Estado vigilante de las opiniones de sus ciudadanos, que plantea a algunas como peligrosas, mediante retórica progresista con la que la mayoría de la población simpatiza; y recomienda cómo uno debería sentirse al respecto. Tenemos leyes vagamente escritas que plantean restricciones a la libertad de expresión.

Sé que, para quienes encuentran a Cordera tan despreciable como yo lo hago, pero ven en él a todos los hombres gracias a los que detestan salir a la calle, y para quienes ejercitan su libertad de expresión compartiendo en Facebook imágenes de perritos con citas de Coelho, les será raro y difícil preocuparse por la libertad de expresión de hombres horribles, pero esto nos pone en peligro a todos, porque todos somos horribles para algún subsector, y si no seremos vigilantes sobre qué excusas podría tener el Estado para acotar nuestras libertades, deberíamos comenzar a rezar que aquellos que perciben en nosotros a un enemigo nunca ganen elecciones.

Fuentes

  1. COLIVER, Sandra. Article 19: UN Reinforces Right to Freedom of Expression and Information. Open Society Foundations, 28 de Julio de 2011
  2. AJMAT, Silvina. El Inadi dictaminó contra Gustavo Cordera: “No cabe ninguna duda de que es un hecho discriminatorio” La Nación, 16 de Noviembre de 2016
  3. Código Penal de la Nación Argentina
  4. En “Repensando la libertad de expresión desde el abordaje al art. 213 del Código Penal argentino”, ensayo al que retornaré más tarde, Noelia Matalone plantea el siguiente caso hipotético

 

 “…si una mujer es procesada por realizarse un aborto y su abogado defensor esgrime argumentos planteando la inconstitucionalidad del delito que se le imputa, y manifiesta que lo que la mujer cometió no es incorrecto sino que lo hizo en virtud de su autonomía personal –fundamento que podría vincularse con una reivindicación ideológica de su conducta, en el caso concreto–, cabría subsumir en el tipo la conducta del abogado, durante el proceso mismo, es decir, previamente a la condena de su defendida. Si avanzamos un poco más en el análisis, y tenemos un sistema menos intolerante, supongamos que la mujer tiene condena y la defensa recurre; en este caso el abogado mejoraría argumentos con respecto a su apoyo por el hecho de su patrocinada, pero ya con sentencia firme. También cabría la persecución del letrado por apología del delito de aborto. Es claro que, llegado este caso de laboratorio a la realidad, se estaría atentando contra el derecho de defensa en juicio.9 Otros han considerado que la defensa del condenado es sancionable una vez que haya sentencia firme con carácter de cosa juzgada. Esta ambigüedad de criterios es nociva para el principio de legalidad, en lo palmario a la rigurosidad de la descripción de la conducta indeseada (máxima taxatividad)…”

 

[Ver MATALONE, Noelia, Repensando la libertad de expresión desde el abordaje al art. 213 del Código Penal argentino, Lecciones y Ensayos, Nro. 91, 2013, ps. 105–114]

 

  1. Corte Suprema de los EE. UU. BRANDENBURG v. OHIO, 395 U.S. 444 (1969)

 

  1. Ley N°23592. Boletín Oficial de la República Argentina, Buenos Aires, Argentina, 5 de septiembre de 1988

 

  1. “El INADI pidió a Cordera públicamente que reconozca su error”, INADI, 16 de Noviembre de 2016

 

  1. MATALONE, Noelia, Op. Cit., pág. 107.