Psico-mitos en las academias argentinas

Estudio encuentra que más del 70% de los alumnos en todos los niveles de la Carrera de Psicología del Instituto de formación docente cree en mitos de psicología popular.

Es conocido en todo el mundo el pésimo nivel de las facultades argentinas de psicología. Para empezar, gran parte de estas carreras se basan en una pseudociencia mundialmente olvidada, ineficaz, iatrogénica, incomprobable y refutada: el psicoanálisis. Una importante parte de los tratamientos en Argentina para el autismo, se basa en una teoría altamente falsa, delirante y peligrosa.  Los lentos avances de las neurociencias y la psicología científica son constantemente atascados y atacados por una horda de charlatanes con miedo a perder sus puestos (uno de sus campos de batalla favoritos es el diario Página/12, uno de los medios con más lectores en el país). El rigor científico es algo que escasea en una disciplina que tiene una importancia social extremadamente relevante, y a pesar de ser el país con más “psicólogos” (en realidad, psicoanalistas) del mundo, su calidad de salud mental es deplorable.  En fin, las cosas van mal en las academias de psicología en éste país y el panorama es desalentador. Lucas Stachuk y Martín Darío viven estas insuficiencias y desperfectos desde dentro, en el  Instituto de formación docente. en Posadas Misiones.  Ellos decidieron valientemente realizar una encuesta para ver qué tanta prevalencia tienen los mitos en el alumnado de psicología, y como la intuición sugería, los resultados son desalentadores.

Lucas Mariano Stachuk escribe:

Recientemente realizamos junto a un amigo (Martín Darío) una investigación en el Instituto de formación docente de Posadas Misiones, en la carrera de Profesorado en Psicología.
La investigación trataba acerca de las creencias en mitos de la psicología popular que tenían los alumnos de la 1ra, 2da, 3ra y 4ta instancia de la carrera. Estos mitos fueron sacados del libro ”50 mitos de la psicología popular”, fueron seleccionados ya que en la carrera (la cual estoy cursando el último año) se mencionan y se enseñan la mayoría de estos mitos como hechos comprobados.
Los mitos son: La mayoría de las personas usan el 10% de su capacidad intelectual; En algunos individuos predomina el hemisferio izquierdo del cerebro, y en otros, el derecho; la adolescencia es inevitablemente un periodo de agitación psicológica; los individuos suelen reprimir el recuerdo de sus experiencias traumáticas; los estudiantes aprenden mejor cuando se les enseña conforme a su estilo de aprendizaje; y las investigaciones demuestran que los sueños poseen significado simbólico.
Usamos como técnica de recolección de datos un cuestionario, en el cual estaban los mitos redactados como una afirmación y los participantes deberían poner si era verdadero o falso.
Por otra parte, realizamos el mismo cuestionario a alumnas del Profesorado en Nivel Inicial para ver si había alguna diferencia en comparación a los alumnos de la 4ta instancia de Psicología.
En un principio, por sentido común pensábamos que mientras más años alguien estudia una ciencia, se deberían tener menos creencia en mitos de la misma; contrariamente a nuestra hipótesis, el resultado de creencia en al menos un psico-mito en los alumnos de la 4ta instancia fue del 78,78% y de las alumnas del Prof. en Nivel Inicial fue del 70,55%. Y en total el resultado de toda la carrera de Prof. en Psicología fue de 74,05%.

Los datos obtenidos nos dicen que no hay una diferencia significativa en cuanto al aumento o disminución de la creencia en mitos de la psicología durante el cursado de la carrera, y tampoco es significativa la diferencia entre los alumnos del Profesorado en Nivel Inicial, y los alumnos del 4to año del Prof. En Psicología.

Por otra parte, la información que nos arrojan los datos es que hay un alto porcentaje de creencia en mitos de esta disciplina en la carrera, y evidentemente cursarla 4 años no hace que haya una disminución de los mismos. Básicamente la creencia en mitos se mantiene, cuando se supone, opino yo, que esto no debería ser así.
Personalmente, pienso que esto es un problema en la formación de los docentes de Psicología, tanto en el nivel terciario como en el secundario. Los contenidos que se deben transmitir deben ser hechos científicos, no solo pienso que es un error dar cátedra de creencias ridículas y pseudociencias inservibles, sino que también es una falta de respeto hacia el alumno hacerle perder tiempo enseñándole algunos de esos mitos como si fueran ciertos.

“Promover el aprendizaje de saberes científicos fundamentales para comprender y participar reflexivamente en la sociedad contemporánea” (Ley de educación 26.206, art. 11).

Aclaro que esto va más allá del ideario institucional, o “inclinación” (en este caso psicoanalítica) que tenga la misma. Apunto exactamente a la ética del educador, a la honestidad en cuanto a lo que enseña, al compromiso de investigar para transmitir lo que está contrastado, informarse, actualizarse y aunque se deba cumplir un programa con contenidos específicos, a su vez, explicar las debilidades, fallas y la invalidez de dicho contenido. “Para estar al día y enseñar, hace falta dedicación al estudio, a la docencia, a la atención a los alumnos, a las publicaciones recientes para saber si lo que se enseña está refrendado o cuestionado por la comunidad científica o intelectual conforme a los métodos contrastados” (A. Hortal, 2002).
Desde otro ángulo, sorprende la falta de pensamiento crítico en los alumnos en cuanto al contenido que se les transmite, y esto, pienso hipotéticamente, va a tener consecuencias luego en la transmisión de los mismos con sus alumnos en el nivel secundario.

Sí existen diferentes maneras de fomentar el pensamiento crítico en los alumnos, Gabriela Lopez Aymes (1) nos menciona las diferentes técnicas para ejercitar y desarrollar el mismo, pero algo que pienso como sumamente importante es el ejemplo que da el docente con respecto a esto, no encuentro ningún estudio acerca de la influencia que puede tener en sus alumnos un docente con las características, personalidad y/o rasgos de un pensador crítico, mencionando algunos: Curiosidad por un amplio rango de asuntos, preocupación por estar bien informado, confianza en el proceso de indagación razonada, flexibilidad para considerar alternativas y opiniones, justa imparcialidad en valorar razonamientos, etc (Fancione, 1990, citado por Lopez Aymes G.). Pero puedo suponer que esto es de gran incidencia en la formación de los adolescentes. También cabe mencionar la gravedad de la hipocresía en decir “chicos, hay que aplicar el pensamiento crítico en la vida… (Días después), gracias a Dios tenemos a Freud que nos pudo explicar cómo funciona el psiquismo para poder entendernos mejor”.

Particularmente, la razón por la cual continué cursando, y soportando muchas clases las cuales las veía en mayor parte como una pérdida de tiempo por su contenido (Psicología de la personalidad, Desarrollo II, Teorías I, Teología I, II, III, Ética filosófica teológica, Taller de educación para el amor, psicopatología, y uno que otro contenido de otras materias) fue porque sé que dentro de poco, voy a tener la oportunidad de influenciar en el pensamiento de los adolescentes, voy a poder guiar, aportar y de esta manera lograr algún cambio, y como consecuencia puede que sea un logro para la sociedad.

En fin cada uno intenta aportar para una sociedad mejor, lejos de las pseudociencias, las creencias religiosas, terapias alternativas, supersticiones, y todo tipo de irracionalidades, y yo, me propuse a aportar desde adentro de cuatro paredes, en el aula.

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Bibliografía:

Lopez Aymes G. “El pensamiento crítico en el aula”, 12/01/13, recuperado 31/08/17

Hortal A.  Ética general de las profesiones, 2002

Lilienfeld S. “50 grandes mitos de la psicología popular”, 2010

Ley de educación 26.206, art. 11, Fines y Objetivos de la Política Educativa Nacional, recuperado 31/08/17

 

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Sustancias psicoactivas, mitos y verdades— Psicodélicos (I)

Artículo escrito por: Emmanuel Frasquet

En primer lugar, antes de desarrollar sobre el tema me gustaría aclarar por qué escribo este artículo y por qué es importante que se hable de política de drogas desde el ámbito escéptico y con escepticismo.

Primero porque el escepticismo implica analizar críticamente y sin prejuicios, sin rechazar posturas o ideas por sesgos, en esto caen muchos escépticos -incluso- cuando se habla de despenalización de las sustancias que actualmente están prohibidas y que han sido ilegalizadas por ideas equivocadas que nada tienen que ver con la evidencia científica ni con una postura ética basadas en evidencia.

Segundo, es importante hablar de los mitos que existen y son reproducidos por instituciones, organismos estatales y otras entidades encargadas de mejorar la salud pública.

El problema de las sustancias es un problema de política pública y es un problema sanitario, que debe estar enfocado en las personas y no tanto en las sustancias per sé. La política actual se ha vuelto experta en violar los Derechos Humanos, algo básico para aquellos que defendemos la libertad individual y el acceso a una sociedad que progresa y se preocupa por la salud de sus ciudadanos que la conforman. Ese es el enfoque que intentaré ilustrar en este texto. Ya que, como años de ‘guerra contra las drogas’ lo ha demostrado, el modelo prohibicionista, abstencionista, que criminaliza el uso y abuso de sustancias es un fracaso rotundo y si se sigue sosteniendo es por prejuicios y sesgos más que por racionalidad e interés en el bienestar de los individuos, este mismo movimiento a su vez fue llevado a cabo por la inmensa propaganda anti-droga que se ha dado desde que comenzó esta absurda guerra en el Estados Unidos de Nixon, la cual tuvo motivos políticos absolutamente caprichosos contra la Izquierda y la comunidad negra.

Los problemas del enfoque prohibicionista

La política de drogas actual tiene varios problemas y es pensarla en pos de reducir la demanda de drogas a base de prevención y tratamiento.

Esto ya es un error de diagnóstico del problema y su magnitud que está basado en miedo y en la propaganda, nunca en evidencias que prueben su eficacia. Uno de los mitos que escuchamos hasta el cansancio es que la ‘guerra contra las drogas’ se está llevando a cabo de manera muy valerosa y se hacen esfuerzos inmensos por reducir la demanda, la oferta, las muertes y riesgos relacionados con las sustancias. Esto puede ser cierto en parte, pero con prevención y tratamiento no hemos reducido nada de esto, el prohibicionismo es el que mata y pone en riesgo a muchísima gente que podría no morir o quedar con secuelas irreversibles por el uso. A nivel mundial se registran al menos unos 190.000 fallecimientos prematuros –en la mayoría de los casos, evitables– provocados por las drogas, mayormente imputables al consumo de opioides. [1]

Con sólo ver el Reporte Mundial de Drogas de 2017 publicado por la Oficina de las Naciones Unidas contra la droga y el delito, vemos que las terribles consecuencias que tiene el consumo de drogas para la salud también pueden apreciarse en los casos de VIH, hepatitis y tuberculosis vinculados al uso de sustancias. El incesante mercado de NPS (nuevas sustancias psicoactivas) que salen al mercado negro sin casi ningún estudio donde se sepa el real impacto que puede tener en el consumo humano, así como el incesante aumento de producción de cocaína y otros opioides son producto de la prohibición.

La única forma de entender mejor cómo operar las herramientas que tenemos es con el método científico y utilizando los datos que en este caso son abrumadores.

Según el Reporte Mundial de 2017:

“‘se calcula que unos 250 millones de personas, es decir, alrededor del 5% de la población adulta mundial, consumieron drogas por lo menos una vez en 2015”.

Así mismo 29,5 millones de esos consumidores, es decir, el 0,6% de la población adulta mundial, padecen trastornos provocados por el uso de drogas. Si lo vemos así, no es una cifra tan alta el de aquellas personas que padecen problemas y necesitan tratamiento, al menos con respecto a la población que sí lo hace, el número no es tan grande como muchos esperarían que sea. Producto de la propaganda de la tolerancia zero que usa el miedo para ‘prevenir’ el consumo, como si el consumo o el uso mismo provocase una reacción en cadena que llevase inevitablemente al uso problemático.

Lo que de verdad molesta de todo esto es que esas muertes pudieron ser evitadas.

Vemos una diversificación tanto en el mercado como en el consumo, lo cual nos habla de que las personas consumen cada vez más sustancias, es decir, el objetivo de la ‘war on drugs’ no se está logrando.

Sumado a esto, hay una gran cantidad de nuevas sustancias psicoactivas producidas por la prohibición

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Del mismo informe: “Entre 2009 y 2016 hubo 106 países y territorios que informaron de la aparición de 739 NSP diferentes a la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC)”

Y aquí es donde muchos problemas asociados a las “‘drogas” en realidad, están vinculados a la prohibición que genera estos mercados, como por ejemplo, toda una gama de sustancias que se venden como LSD (dietilamida de ácido lisérgico) y no son LSD, siendo substitutos de triptaminas (de la misma familia del LSD pero que no han sido estudiados lo suficiente para conocer sus riesgos), feniletilaminas o substitutos de feniletilaminas que actúan de forma similar y pueden ser confundidos ya que interactùan con algunos neuro-receptores de la serotonina (tanto la serotonina como las triptaminas son químicos presentes en el cerebro de forma natural, siendo esa la razón de que causen ese efecto psicoactivo), uno de los compuestos que suele venderse en el mercado negro se conoce como 25I-Nbome [2-(4-iodo-2,5-dimetoxifenil)-N-[(2 metoxifenil)metil]etanamina] siendo éste el más común, aunque también hay otros derivados feniletilamínicos como el 25-B, D, E, etc. Lamentablemente, ya hay evidencia de una dosis mortal y existen muertes documentadas. [2,3,4]

Hay muchos mitos asociados a estas y otras sustancias psicoactivas, pero me concentraré en alguna de ellas teniendo en cuenta lo populares que son y la cantidad de mitos, falsedades y mentiras sobre sus riesgos y daños.

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Para dar un poco de contexto al asunto, en el estudio de David Nutt [5] donde evalúan los diversos daños de las sustancias utilizadas recreativamente en el Reino Unido usando el MCDA (multi-criteria decision analysis), el objetivo era evaluar las drogas en términos de sus daños conocidos a los individuos, los que les rodean y, más ampliamente, a la sociedad nacional e internacional. Si bien el estudio tiene críticas y limitaciones, debido a la amplia gama de formas en que las sustancias pueden causar daño, desde los daños intrínsecos de las sustancias a los costos sociales y de cuidados con respecto a la salud.

En el mismo, dieciséis criterios de daño fueron identificados por el Consejo Asesor del Reino Unido sobre el Uso Indebido de Drogas — nueve se refieren a los daños que una droga produce en el individuo y siete a los daños a terceros tanto en el Reino Unido y en el extranjero.
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El informe encontró que la heroína, la cocaína crack y la metanfetamina son los más perjudiciales para los individuos (con puntuaciones de 34, 37 y 32, respectivamente), con el alcohol, la heroína y la crack como los más perjudiciales para los demás (46, 21, Y 17, respectivamente). En general, el alcohol fue la sustancia más dañina (puntuación total del daño 72), con la heroína (55) y la cocaína crack (54) en segundo y tercer lugar. También encontró que el estatus legal de la mayoría de las drogas guarda poca relación con sus daños, es decir, no se sigue la premisa de que las ilegales son más dañinas que las legales, lo que hace bastante irrelevante su penalización.

Si bien este estudio no cuenta toda la historia, es muy útil para empezar a vislumbrar lo anti-científico de la política actual, claro que esta análisis es para el Reino unido y debe expandirse a otros países en el que se estudien los grupos sociales relevantes con mayor vulnerabilidad para entender por qué los usan y por qué caen en el abuso, además de conocer -si es que existen- sus beneficios-, básicamente hacer ciencia que nos permita entender más de los efectos a largo plazo y a corto plazo de su uso.

Por ejemplo, en un estudio similar en 2015 [6], cuarenta expertos en drogas de toda la Unión Europea anotaron 20 sustancias con los mismos 16 criterios de daño, y concluyeron:

“El alcohol, la heroína y el crack emergieron como los fármacos más dañinos (72, 55 y 50, respectivamente). El resto de los fármacos tenían una puntuación ponderada global de 38 o menos, haciéndolos mucho menos dañinos que el alcohol. La puntuación ponderada global de los peritos de los expertos de la UE se correlacionó bien con los resultados previamente dados por el panel del Reino Unido.

[…]

“El resultado de este estudio demuestra que los anteriores rankings nacionales basados ​​en los daños relativos de las diferentes sustancias son aprobados en toda la UE. Los resultados indican que las medidas de la UE y las políticas nacionales en materia de drogas deberían centrarse en las sustancias con mayor daño general, incluido el alcohol y el tabaco, mientras que las sustancias como el cannabis y el éxtasis deberían recibir una menor prioridad, incluida una clasificación jurídica inferior.”

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Y al final de todo, están dos de las sustancias psicodélicas que han sido de las más demonizadas: El LSD y los hongos psilocibinos. Más adelante hablaré del LSD, que ha sido la sustancia que tiene peor propaganda dentro de los psicodélicos clásicos.

Alternativa al prohibicionismo: La descriminalización y la Reducción de Daños

Pero hay esperanzas en lo que a política de drogas se trata y como modelo exitoso que se presenta como una opción más viable a la prohibición es el caso de Portugal, país que hace más de 15 años (2001) despenalizó la posesión de bajo nivel y el uso de todas las drogas ilícitas. Los resultados de la experiencia allí demuestran que la descriminalización de las sustancias — junto con una inversión seria en servicios de tratamiento y reducción de daños — puede mejorar significativamente la seguridad y la salud pública.[7] Las reformas legislativas que se hicieron en Portugal tuvieron como uno de sus principales objetivos eliminar las penas criminales, es decir, las personas no son sometidas a penas de cárcel por posesión ni consumo, se reclasificaron estas actividades como faltas administrativas, esto quiere decir que si una persona es encontrada con cantidades pequeñas debe comparecer ante una ‘comite de disuasión’ — conformado por un oficial del área legal y dos de servicios sociales o de salud — quienes son los que determinan si la persona es dependiente de la sustancia o no, y si es así, qué tan grave es su dependencia. La comisión puede referir a la persona a un programa de tratamiento voluntario, ponerle una multa o imponer sanciones administrativas. Mientras tanto si bien el uso y la posesión no tienen sanciones criminales permanecen ilegales, así como el tráfico de drogas se sigue procesando a través del sistema criminal de justicia.[8]

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En cuanto a los datos, investigaciones independientes[9] brindan interesantes resultados:

Uno es que no ha habido un aumento en el uso de drogas; las tasas de las ‘drogas ilícitas’ se han mantenido y no se ha disparado el consumo que muchos conservadores temen que suceda si se pone en práctica la despenalización, Portugal no se transformó en un ‘país de drogas turístico’, de hecho con respecto a los datos del 2001 ha bajado. Por otra parte, Portugal mantiene las tasas de uso de drogas por debajo de los estándares europeos — y mucho más bajos que en USA.[8][9] Desde el 2003 el uso problemático de sustancias -entendido como el abuso o la dependencia- también disminuyó. En un estudio[10] realizado en el 2013 por estados miembros de la Unión Europea confirmó que los países que han descriminalizado la posesión de drogas no han experimentado aumentos en sus porcentajes mensuales y de hecho, estos porcentajes tienden a bajar, en relación con los países que tienen políticas punitivas. De igual manera, el número de personas juzgadas por faltas administrativas bajo las nuevas leyes ha permanecido constante (cerca de 6 mil y 8 mil por año). De éstos casos, la gran mayoría (más del 80%) son considerados como no problemáticos frente a las comisiones disuasorias y descartados sin sanción alguna. Otro resultado de estas políticas es que el número de usuarios de drogas en búsqueda de tratamiento aumentó, se cree que es así por la eliminación de la posible pena de cárcel que antes enfrentaban, es una cifra alentadora ya que nos dice que las personas que piden ayuda están conscientes de los riesgos y pueden ejercer su libertad para poder decidir si lo necesitan, un enfoque más humanista y pragmático, para dejar atrás la estigmatización dándole una oportunidad para recuperarse y volver a la sociedad sin padecer el horror del sistema carcelario. También el número de casos de HIV y SIDA en personas usuarias de drogas decreció. Además de que el número de muertes por sobredosis se estabilizó -de hecho, es uno de los países con las tasas más bajas de la Unión Europea. El consumo de adultos jóvenes es remarcablemente bajo. El costo social del consumo de sustancias psicoactivas decreció un 18% desde la implementación de esta política, resultando en ahorros considerables para un país que tiene problemas económicos. Hay que destacar que quizás, no todos los logros conseguidos sean producto de la despenalización, sino también de la implementación de una política de salud pública firme, que está conformada por programas de Reducción de daños y servicios de tratamientos, de los cuales incluyen el acceso a jeringas esterilizadas, terapia con metadona y otros tratamiento asistidos con medicamentos.

En palabras del Dr. João Goulão, director general de la SICAD: ‘No hay duda de que el fenómeno de la adicción va en declive en Portugal,’ lo que él cree es ‘el resultado de una serie de políticas que tienen como propósito la reducción tanto de la oferta como de la demanda, incluyendo medidas de prevención, tratamiento, reducción de daños, y reinserción a la sociedad.’ [11]

En resumen, comparando los resultados del modelo portugués a diferencia de los alcanzados por otros países occidentales en la ‘guerra contra las drogas’, se destaca el éxito y los beneficios que ha tenido esta política. Es razonable afirmar que la despenalización de las sustancias psicoactivas, en tanto y en cuanto se haga en conjunto con una buena planificación del sistema de salud y justicia está basada en evidencia científica.

Mitos y verdades: Psicodélicos

Quisiera hacer especial hincapié en los mitos que sobre el LSD que de las dos que mencioné anteriormente es la que tiene peor fama, ya que con respecto al resto, Psilocibina (principio activo de los hongos mágicos, conocidos como Psilocybe cubensis), la Mescalina (principio activo del Peyote) y el DMT o Dimeltriptamina (uno de los alcaloides psicoactivos principales de la Ayahuasca) no tienen ese mismo nivel de propaganda que sí tiene el ácido, para profundizar sobre los mitos y verdades de estas sustancias que yo no desarrollaré les sugiero que revisen el libro ‘Sobre Drogas’ del proyecto de El Gato y la caja, en el capítulo ‘Psicodélicos’. Aclarado esto, sabemos que el LSD es un super-agonista del receptor de la serotonina y si bien su farmacología es compleja y sus mecanismos de acción aún no se entienden completamente (por eso necesitamos que la comunidad científica pueda estudiar sus posibles daños a largo plazo y potenciales beneficios, si es que los hay) sabemos bastante sobre los efectos que causa en personas[12]. Actualmente, no se conoce ni una muerte por sobredosis de LSD en humanos [13], esto se debe a la gran brecha que hay entre la dosis letal media (LD50) con respecto a su dosis activa, el único caso de muerte por sobredosis registrado [14] se dió en un experimento de la Universidad de Oklahoma con un Elefante llamado ‘Tusko’ al que le suministraron 297 mg, una dosis 1.000 veces más que la dosis estándar para inducir un estado psicodélico en un humano, el fin del experimento era lograr un fenómeno de agresividad conocido en los Elefantes, lo que sucedió es que después de 5 minutos el elefante colapsó y cayó al suelo, empezando a convulsionar y teniendo sus extremidades rígidas, luego de 20 minutos para intentar calmar estos síntomas le inyectaron una fuerte dosis de promazina y pentobarbital (psicofármacos), el animal ya estaba muerto después de 1 hora y 40 minutos comenzado el experimento. Lo cual no nos dice mucho ya que la dosis fue brutal.

Pero más allá de este experimento no existe sobredosis registrada en humanos que no esté asociada al policonsumo (es decir, el uso de varias sustancias psicoactivas al mismo tiempo que pueden provocar efectos diferentes debido a una interacción entre sí, y por consiguiente, daños más graves que con el uso individual no sucederían), a antecedentes psiquiátricos o genéticos (i.e familiares de primer y segundo grado con antecedentes psiquiátricos como la esquizofrenia), lo mismo con los hongos psilocibinos y la mescalina. Con respecto a la toxicidad fisiológica es relativamente baja y no se ha encontrado evidencia de que produzcan algún daño orgánico o déficit neuropsicológico.[15] La mayoría de los riesgos relacionados al consumo de psicodélicos son psicológicos y suceden durante el estado en que la persona está bajo el efecto de la sustancia, por ejemplo mareos, sentirse extenuado, náuseas, somnolencia, visión borrosa, aumento de los reflejos tendinosos, parestesia, temblores o efectos considerados neutros como la dilatación de la pupila. Además los alucinógenos pueden aumentar moderadamente el pulso, la presión arterial sistólica y diastólica. Sin embargo todos estos efectos somáticos varían y no representan ningún riesgo incluso en dosis donde los efectos psicológicos son poderosos (desde lo perceptivo, cognitivo y afectivo).

La realidad es que los riesgos asociados no tienen que ver con una sobredosis que ya vimos que no existe, sino con que tienen que ver con el set and setting (el estado de ánimo y psicológico actual en el que te encuentres al momento y el ambiente/la gente con la que estés). Hay guías de reducción de daños para ayudar a tomar esta sustancia de la forma más segura que se pueda en un ámbito recreativo, ya que anteriormente hablábamos de situaciones que están pensadas para ambientes controlados como estudios científicos, a partir de la ‘Human Hallucinogen Research: Guidelines for Safety’[16] y en estudios donde se ha hecho seguimiento a los participantes tanto sanos como en tratamientos para adicciones (i.e alcoholismo) sabemos que en estos contextos no hay evidencia de ningún problema asociado al consumo de la sustancia.

También existen otros mitos que se han diseminado sobre estas sustancias. Uno muy difundido por el cual muchos, incluídos comités de revisión, han mostrado preocupación es uno que dice que el LSD (y otros alucinógenos) están vinculados con un daño cromosómico [17]. Esto surge de campañas de la prensa en el Estados unidos de Nixon a finales de los 60′, que se basó en algunos reportes iniciales que sugiere que el LSD causaba ‘daño cromosómico en leucocitos humanos. A saber, esta campaña incluía imágenes de niños deformados aprovechando la paranoia de la tragedia con la Talidomida ocurrida unos 10 años antes. Sin embargo, investigaciones posteriores refutaron esta y otras hipótesis, como que tenía efectos cancerígenos, mutagénicos y teratogénicos.[18, 19]

Así como las constantes campañas sobre la relación entre psicodélicos clásicos y psicosis, pensamientos suicidas o algún tipo de trastorno mental. La verdad es que no existe evidencia a la fecha que pueda correlacionar la psicosis con el consumo de LSD. De hecho, en un estudio [20] realizado en la población de USA encontró estar asociado a un nivel bajo de estrés psicológico y una baja tasa tanto de pensamientos suicidas como intentos de suicidio, otro estudio[21] tampoco encuentra relación entre el uso de psicodélicos clásicos y trastornos mentales o comportamientos suicidas. Los autores del estudio aclaran: “No estamos afirmando que ningún individuo haya sido dañado por el uso de psicodélicos”, dice Matthew Johnson, “las anécdotas sobre muertes causadas por consumo de ácido pueden tener mucha fuerza, pero son casos muy raros”. A nivel de la población los datos sugieren que los daños de los psicodélicos “han sido exagerados”. Claro, esto no es una razón para comenzar a hacerlo sino para demostrar que muchas veces se exageran y hasta se inventan historias (basadas en supuestos datos) con el fin de demonizar a la sustancia, sea por miedo, ignorancia o falta de rigor científico.

El uso continuado de psicodélicos clásicos tiene sus riesgos, claro que sí -aunque por la farmacodinámica de la sustancia el uso continuado y prolongado sea extremadamente raro por su condición anti-adictiva-, pero no deben ser falseados con otros. Por ejemplo, el consumo excesivo y prolongado puede llevar a algo llamado trastorno perceptivo persistente por alucinógenos (HPPD) éste se describe como una alteración persistente y angustiante en la percepción, principalmente en el sistema visual que puede durar semanas o años aunque se conoce muy poco del mismo, reportes y estimaciones que se han hecho del uso del LSD y otros psicodélicos clásicos encuentran que es muy poco común. Su aparición generalmente es luego del uso del LSD en el mercado negro, no en estudios ni ensayos clínicos donde se ha administrado la sustancia. [22]

Volviendo a la relación entre problemas mentales y psicodélicos, existe sí un riesgo de que el consumo de estos ‘dispare’ una psicosis pero sólo en personas con factores de vulnerabilidad previos, ésto se puede prevenir haciendo un ‘screening’ del pasado y presente en el historial clínico del sujeto sabiendo si tuvo algún episodio que pudiera dispararse en el presente o si la persona tiene parientes de primer grado con antecedentes psiquiátricos, como por ejemplo padres o hermanos biológicos. El único caso documentado de una reacción psicótica prolongada que duró más de 48 horas se produjo en un estudio experimental de 1200 participantes, el individuo afectado era gemelo idéntico de un paciente esquizofrénico y, como dije anteriormente, se hubiese descartado siguiendo las directivas propuestas para una administración segura.[23] Vale aclarar que las reacciones prolongadas posteriores a las 48 horas fueron ligeramente más frecuentes en los pacientes sometidos a psicoterapia que en los participantes experimentales que no eran pacientes, pero aún eran raras, ocurriendo a una tasa de 1,8 de este tipo de reacciones por cada 1000 pacientes.

Así mismo con las historias de personas que quedan ‘ciegas’ mirando al sol estando bajo el efecto del LSD, como las que se arrojan de ventanas o precipicios porque piensan que ‘pueden volar’, son mitos creados por la propaganda televisiva anti-drogas de los 60. Si bien existen unos pocos casos donde se reportan daños oculares en personas que se quedaron mirando el sol bajo el efecto[24], no es más que eso, las personas suelen hacer cosas extrañas bajo el efecto de psicodélicos clásicos y al ser uno de sus efectos la dilatación de la pupila ésto lo que genera es que entre más luz por la misma pudiendo causar algún tipo de daño. Algo que se soluciona entendiendo los daños que puede generar mirar al sol bajo los efectos de la sustancia previamente. La misma cosa sucede con las historias de personas que piensan que ‘pueden volar’, seguramente sean accidentes en base a la distorsión del juicio que se tiene bajo el efecto o directamente, intentos de suicidios[25] en lugar de pensar que realmente pueden volar.

En definitiva, los efectos de las drogas psicodélicas varían enormemente y son difíciles de categorizar ya que proporcionan un acceso a estados de conciencia muy diferentes. Afectan de formas muy disímiles a las personas, en diferentes lugares y en diferentes momentos, con una increíble variación entre sí. Consumir estas sustancias a menudo evocan una variedad de pensamientos subconscientes, emociones, memorias olvidadas y sentimientos sobre las circunstancias de vida, así como fantasías o miedos muy profundos. Por ésto es importante aclarar que lo ideal siempre es no consumir sustancias psicoactivas (incluyendo las psicodélicas) pero si alguien va a tomar la decisión de hacerlo, es importante que sepa y esté preparada para tratar con este tipo de pensamientos, imágenes y sentimientos inusuales -que incluso pueden llegar a ser desafiantes- de una manera abierta y reflexiva.

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El motivo de este artículo no es alentar a la gente a que tome absolutamente nada, sino que la falsa dicotomía que caracteriza al enfoque prohibicionista/abstencionista del ‘di no’, de la ‘tolerancia zero’ como si el consumo de sustancias tuviera únicamente dos opciones: abstenerse o morir cayendo en adicción, esto deja afuera muchísimos usos diferentes que pueden ser vistos como un continuo (ver gráfico), ésto es a lo que nos ha llevado dejando más problemas que soluciones, más víctimas que personas libres, más estigmatización, más daños y menos salud. Por eso es importante que la ciudadanía se eduque en Reducción de daños y exija a los gobernantes y organismos internacionales porque si no sabemos cuáles son los verdaderos daños de las sustancias prohibidas y mientras no podamos investigarlos a fondo debido a leyes obsoletas[26], el problema y la incertidumbre será cada vez peor.

Nota al pie: Dejaré varios enlaces para quienes deseen profundizar más en cuanto a las guías de reducción de riesgos[27] y mitigación de daños[28], ya que no era mi idea hacer un artículo sobre este asunto sobre todo por lo extenso que se haría y quedaría muy inconcluso sin la profundidad que se merece.

Referencias

1] World Drug Report (2017), United Nations Office on Drugs and Crime – https://www.unodc.org/wdr2017/index.html

[2] https://en.wikipedia.org/wiki/25I-NBOMe#Toxicity_and_harm_potential

[3]Kyriakou, C., Marinelli, E., Frati, P., Santurro, A., Afxentiou, M., Zaami, S., & Busardo, F. P. (2015). NBOMe: new potent hallucinogens–pharmacology, analytical methods, toxicities, fatalities: a review. European Review for Medical and Pharmacological Sciences, 19(17), 3270-3281. https://www.researchgate.net/profile/Francesco_Busardo2/publication/282151459_NBOMe_New_potent_hallucinogens

-pharmacology_analytical_methods_toxicities_fatalities_A_review/links/56052ebb08ae8e08c08aeb58/NBOMe-New-potent-hallucinogens-pharmacology-analytical-methods-toxicities-fatalities-A-review.pdf

[4] Shanks, K. G., Sozio, T., & Behonick, G. S. (2015). Fatal Intoxications with 25B-NBOMe and 25I-NBOMe in Indiana During 2014. Journal of Analytical Toxicology, 39(8), 602-606. https://doi.org/10.1093/jat/bkv058

[5] Nutt, D. J., King, L. A., & Phillips, L. D. (2010). Drug harms in the UK: a multicriteria decision analysis. The Lancet, 376(9752), 1558-1565. – http://www.thelancet.com/journals/lancet/article/PIIS0140-6736(10)61462-6/fulltext

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[27] How to take LSD —  Did you know that it’s possible to avoid most ‘bad’ trips? – https://tripsafe.org/how-to-take-lsd/

[28] Comprehensive Version: Harm reduction guide with safety tips for psychedelics — psilocybin (shrooms), LSD, etc. – https://guides.tripsafe.org/tripsafe-org-comprehensive-version-harm-reduction-guide-with-safety-tips-for-psychedelics-54b72578d399