¿Qué és una falacia?

Por Nicolás Pérez

Primero veamos qué no es una falacia. Una falacia no es una mentira. Una mentira es un engaño intencional de un hablante. Tampoco es un error, un hablante puede cometer errores que no sean engaños, pueden ser imprecisiones o directamente falsedades, nada de esto es una falacia. Sin embargo se escucha comúnmente decir “es una falacia” cuando alguien dice una falsedad o mentira. La razón de que no sean falacias reside en un detalle importante: las falacias son argumentos, razonamientos, no son enunciados. Una mentira o una falsedad es un enunciado falso, y enunciados aislados no son argumentos. Si bien es cierto que un argumento está formado por enunciados, lo que hace a un argumento tal no son las verdades o falsedades de los enunciados sino su trabazón o estructura interna, un argumento tiene virtud por su forma, más no por su contenido. Entonces, si no hay argumento no hay falacia, recuerde siempre esto. Si yo ataco a un interlocutor, ya sea injuriándolo o insultándolo, no es una falacia ad hominem, porque no es un argumento.

La lógica es una disciplina formal que estudia la forma de los argumentos con el propósito de identificar argumentos válidos, y de este modo usarlos en los discursos. En nuestro discurso usamos razonamientos todo el tiempo, sin embargo, si no sabemos de lógica muchas de nuestras conclusiones van a ser falaces porque usaremos razonamiento o inválidos o inatinentes.

La validez es una propiedad de ciertos argumentos que aseguran la verdad de la conclusión en virtud solo de su forma y no del contenido material de las premisas. La atinencia es una propiedad de los argumentos que asegura la verdad de la conclusión no solo en base a la forma de las premisas sino también a su contenido material asegurando que la conclusión sea verdadera siempre que sus premisas lo sean también, Si los argumentos no cumplen con estas propiedades se los llama inválidos o inatinentes.

Ahora podemos definir una falacia: una falacia es un argumento psicológicamente persuasivo pero lógicamente inválido o inatinente.

A veces se confunden falacias con sofismas, un sofisma: es una estratagema discursiva hecha deliberadamente para lograr la apariencia de tener la razón en algún debate.

Por supuesto que una falacia puede ser un sofisma, pero no todo sofisma es una falacia, si me burlo de mi oponente, si uso sarcasmos, si no dejo hablar, o si desvío el tema no contestando sus preguntas, o llevando la discusión hacia lugares convenientes, todas esas estratagemas son sofismas, pero ninguna de ellas es una falacia. Muchas de las consideradas falacias en realidad no lo son, son sofismas como el strawman (hombre de paja) que justamente deforma la propuesta del oponente convirtiéndola en una propuesta distinta más refutable, incluso este hombre de paja puede no ser falaz en su reconversión, pero es un sofisma porque no estaría refutando la propuesta original.

Volviendo a la definición de falacia, es importante resaltar la primera parte de la definición en donde se menciona lo “psicológicamente persuasiva”, esto es interesante ya que justifica su uso. Pensemos que, si las falacias no convencieran a nadie, pues nadie las usaría, pero la investigación de la persuasión sugiere que,  no solo son persuasivas sino que lo son aún más que los argumentos no falaces. Muchos sofismas, entre ellos la falacia, tienen un fuerte contenido emocional, como el ad hominem, o el strawman, así como el obtener conclusiones apocalípticas como en el caso de la falacia de pendiente resbaladiza, en la cual se desprende una conclusión catastrófica por medio de premisas no demostradas o directamente falsas. Es común que en los discursos religiosos o políticos se apele constantemente a los sentimientos, a la culpa o al patriotismo, todos ellos buscan impactar y convencer al oyente desviando el curso racional para tocar la pura emoción, porque saben que somos persuadidos más por un sofisma que por un argumento lógicamente correcto.

La segunda parte de la definición refiere a los conceptos de invalidez y de inatinencia, ya definidos. Hay dos grandes clases de falacias: formales e informales. Se diferencian en que las formales son argumentos inválidos, mientras que las informales pueden ser argumentos válidos o inválidos, pero son siempre inatinentes. Otra característica de las falacias es que pueden formalizarse para mostrar su invalidez o su inatinencia. Yo sospecharía fuertemente de una falacia que no pueda formalizarse en un argumento típico que muestre su inatinencia.

Las falacias formales son aquellas que son inválidas, es decir, son incorrectas en su forma, y no son tan importantes para el estudio de las falacias en general porque la inmensa mayoría de las falacias en los discursos son informales, aunque sí existen falacias formales coladas en los razonamientos que son comunes, como la falacia de afirmación del consecuente que pasaremos a analizar.

Vamos a diferenciar entre proposición y enunciado. Un enunciado es un trozo de lenguaje con sentido que reviste la forma de una afirmación, y por lo tanto puede ser verdadero o falso. Los enunciados desde un punto de vista ontológico son objetos materiales, como manchas de tinta en un papel, o sonidos articulados por un aparato fonador humanos, o señas consecutivas de un agente al comunicarse con lenguaje de señas. En este sentido un enunciado puede ser: un grafema, un fonema, un señema, o un sistema de ellos que forman una frase. Las proposiciones son objetos no físicos, sino lógicos, son entidades conceptuales. Puede definirse como lo afirmado en diferentes enunciados de una misma clase, digamos que si tenemos diversos enunciados, por ejemplo: “hoy llueve”, “llueve”, “está lloviendo”, u “hoy está lloviendo”, todos aseveran lo mismo, eso que aseveran se puede simbolizar con una letra proposicional como “p”, y eso es la proposición.

Sabiendo esto vamos a la falacia de afirmación del consecuente. La lógica contiene muchas tautologías, razonamientos cuya estructura asegura que la conclusión del resultado sea siempre verdadera en una tabla de verdad, y por lo tanto se puede usar con cualquier contenido fáctico. Vamos a ver dos de estas tautologías. EL modus ponendo pones (1) y el modus tollendo tollens (2). La forma que tienen es esta:

       1)  A®B              2)  A® B

     A                        -B

______               _______

B                       -A

En términos coloquiales podemos leer  al modus ponens del siguiente modo: “Si A entonces B, se da A , por lo tanto se da B” ,  de igual modo el  modus tollens queda: “Si A entonces B, no se da B, por lo tanto no se da A”. Si reemplazamos “A” por “es santiagueño”, y “B” por “es argentino”, entonces tenemos:

“Si es santiagueño entonces es argentino, es santiagueño, por lo tanto es argentino” (modus ponens)

“Si es santiagueño entonces es argentino, no es argentino, por lo tanto no es santiagueño” (modus tollens)

Si analizamos los enunciados veremos que en el condicional A®B, la ocurrencia de A es suficiente para obtener B, es suficiente con ser santiagueño para que sea argentino, y también podemos ver que es necesario que si no ocurre B, necesariamente no ocurra A, si sabemos que alguien no es argentino, pues ya sabemos necesariamente que tampoco es santiagueño. Ahora, qué pasa si razono del siguiente modo:

                                A®B

                           B

                    _______

                     A

Aquí vemos que concluyo A porque ocurre B, concluyo que es santiagueño porque es argentino, pero inmediatamente se darán cuenta de que estoy razonando mal, porque el hecho de ser argentino no implica necesariamente de que sea santiagueño , porque podría ser tucumano o salteño, o de cualquier otra provincia. Si razonamos de esta manera estaremos cometiendo la falacia de afirmación del consecuente, y si otro la comete pueden llamarle la atención y lograr de ese modo que se anule el argumento usado. Es una falacia formal porque se puede demostrar con símbolos, como lo hice arriba, que es un argumento inválido, y es suficiente para desestimarlo. Si lo analizamos salta a la vista que, un condicional, representado aquí con una flecha  no puede ir en los dos sentidos, es decir, si yo afirmo A, el antecedente, debe darse B, el consecuente, pero no puede ser válido al revés, la afirmación de B no implica necesariamente que se dé A. Claro que puede darse, puede darse que al encontrar a un argentino en Miami, yo pueda afirmar con verdad de que es santiagueño, pero estaría simplemente adivinando, si uso esta forma de razonamiento, podría acertar a veces, pero la probabilidad es baja debido a que hay 23 distritos más en el país. De este modo, las falacias no aseguran la verdad necesaria en la conclusión debido a que su forma es inválida. Y se comete la falacia de afirmación del consecuente cuando alguien afirma que necesariamente se da A en la conclusión al afirmar B, otra cosa es que el que razona lo afirme en términos de probabilidad, si esto ocurriere no estaría cometiendo la falacia.

Hay otras falacias formales pero de menor incidencia en el discurso, por lo que no voy a entrar en otros ejemplos, baste saber que una falacia formal lo es en tanto que su forma es inválida.

Un problema distinto se da con las falacias informales, en éstas el problema no es la validez sino la atinencia, de hecho hay falacias informales que pueden ser válidas pero no atinentes. Si formulo el siguiente razonamiento:

“Todos los santiagueños comen pescado

Luis es santiagueño,

Por lo tanto Luis come pescado”

Si bien se mira el razonamiento es válido en la silogística, y de hecho puede reestructurarse como un modus ponens, pero algo va mal, ya que sabemos que ser santiagueño no implica que coma pescado, eso no es cierto, por lo tanto el valor de verdad de la primera premisa es falso. Ahora voy a valerme de la silogística para mostrar que una falacia informal puede formalizarse en este ámbito y mostrar así que es inatinente ya que no conserva el valor de verdad de la conclusión necesariamente. La diferencia más importante entre falacia formales e informales es que en la informal para llegar al valor de verdad de las premisas yo debo analizar los enunciados y establecer su verdad por correspondencia con un estados de cosas, y a partir de allí formalizar el argumento con sus valores de verdad. Pero vamos por partes.

La silogística es la parte de la lógica más antigua, la usada por Aristóteles, a la que también se llama “lógica tradicional”, y su estudio requiere de identificar algunos términos como: silogismo, modo, figura, enunciados categóricos, etc. Yo voy a definir algunos que me serán necesarios para llegar a la formalización de las falacias informales. Conservo el nombre de “informales” porque es útil y lo van a encontrar en diversos textos de estudio, pero mi aproximación implica que aun las falacias informales se pueden formalizar, aunque por medio del contenido de los enunciados, algo que no ocurre en las falacias formales. Un silogismo categórico es un tipo de razonamiento deductivo que contiene tres enunciados, dos premisas y una conclusión y cuyos enunciados son enunciados categóricos. Los enunciados categóricos son cuatro:

Todo S es P

Ningún S es P

Algún S es P

Algún S no es P

 “S” y “P”  pueden ser reemplazados con cualquier término o términos, por ejemplo: santiagueños y argentinos

Todos los santiagueños son argentinos

Ningún santiagueño es argentino

Algún santiagueño es argentino

Algún santiagueño no es argentino

A partir de aquí y siguiendo la reglas del silogismo, algo en lo que no voy a entrar, se puede saber cuáles son las formas válidas de un silogismo, un estudio que si quieren emprender lo van a encontrar en cualquier libro de lógica. Lo importante es hacer notar lo siguiente. Si usamos una forma válida de silogismo como por ejemplo:

Todo los M son P

Algún S es M

Por lo tanto, algún S es P

Allí vemos tres términos: M, S y P. A “M” lo llamamos término medio, porque es el término por medio del cual se relacionan los otros dos términos. “S” es el término menor, y “P” es el término “mayor”. Fíjense que en la conclusión siempre va “Algún S es P” y no hay manera de que esto cambie. Si se respeta la forma lo único que tienen que hacer es cambiar los términos por palabras de contenido, por ejemplo: M= santiagueño, S=Luis, y P= argentino, entonces,

Todos los santiagueños son argentinos

Luis es santiagueño

Por lo tanto, Luis es argentino

Si bien miran, el término medio, “santiagueño” no aparece en la conclusión, porque es el término por medio del cual se relaciona “Luis” con “argentino”. Si se entendió hasta aquí, ahora llego al tema principal.

Si consideramos siempre argumentos válidos, como el de arriba, hay una manera de formalizar el argumento usando solo los valores de verdad colocando una “V” o una “F” indicando que son verdaderos o falsos por correspondencia con la realidad de un estado de cosas. Y haciendo variar las  posibilidades de silogismos válidos podemos tener las siguientes estructuras:

V                 F                F                 V

F                 V                F                 V

V ó F            V ó F          V ó F          V

Lo que salta a la vista es que si un silogismo es válido y se colocan dos premisas verdaderas no puede haber conclusión falsa, la conclusión en estos casos es siempre verdadera.

Distinto es el caso de los otros razonamientos ahí podemos distinguir que con un silogismo válido la conclusión no es necesariamente falsa si se coloca al menos una premisa falsa. Dicho de manera más directa si al razonar ponemos una premisa falsa, entonces ya no podemos estar seguros de que lo conclusión sea verdadera. Para obtener una conclusión necesariamente verdadera debemos razonar de forma válida y colocar premisas verdaderas.

Coloco un ejemplo de razonamiento con una premisas falsa y muestro que se puede obtener, tanto una conclusión verdadera, como una  falsa:

“Todo animal acuático es un pez” F

“el tiburón es un animal acuático” V

“Por lo tanto, el tiburón es un pez” V

Ahí vemos como obtenemos una conclusión verdadera por medio de premisas falsa y verdadera.

“Todo animal acuático es un pez”  F

“el pulpo es un animal acuático”   V

“Por lo tanto, el pulpo es un pez”  F

Y otro ejemplo con las mismas premisas falsa y verdadera, pero con una conclusión falsa.

Esto nos muestra que no podemos confiar en que nuestra conclusión sea necesariamente verdadera si colocamos una premisa falsa, podremos acertar a veces, pero en otras no, y entonces ese tipo de razonamiento no es confiable.

Muestro un ejemplo con conclusión verdadera a partir de dos premisas falsas

“Todos los gatos son frutas”  F

“esta banana es un gato”        F

“Por lo tanto, esta banana es una fruta”  V

Si alguien razona de manera inválida comete una falacia formal, asimismo  si alguien razona de manera válida pero coloca premisas falsas, al menos una, y afirma que su conclusión es necesariamente verdadera, entonces comete una falacia informal porque su conclusión es inatinente.

 Cuando pensamos en falacias no debemos pensar que por haberse cometido una falacia la conclusión es necesariamente falsa, eso también es una falacia (ad logicam)  ya que vimos que se pueden obtener conclusiones verdaderas incluso con dos premisas falsas.

Al pensar en falacias debemos pensar en la estructura del razonamiento general no en la verdad de la conclusión.

Mi propuesta consiste en formalizar con un diagrama de valores de verdad bajo la forma de un silogismo categórico para dejar en evidencia la falacia informal. Esto requiere muchas veces, casi todas, reconstruir el argumento con dos premisas y una conclusión, bajo la forma típica de un silogismo categórico, incluso requiere añadir premisas implícitas que no están de manera evidente en el razonamiento. Está claro que cuando argumentamos nuestros razonamientos no tienen una estructura ordenada, a veces ni siquiera contienen todas las premisas. Se llaman entimemas a los argumentos a los cuales les falta una premisa o la conclusión, y ésta es la manera habitual de presentación de los razonamientos cotidianos.

“Consuma Licor Texas, lo compra todo el pueblo”

Lo de arriba es un entimema, y es una falacia, la falacia ad populum, pero visto así en su forma original es difícil de darse cuenta, pero debemos hacer lo que dije arriba, reconstruir el argumento en una forma típica de silogismo válido y formalizarlo con un diagrama de valores de verdad.

Para comenzar veamos qué nos quiere decir la publicidad. Obviamente está promocionando un Licor y sin decirlo, nos queda la sensación de que es un buen licor, pero ¿en base a qúe llegamos a esta conclusión?, solo tenemos una razón y es que “lo compra todo el pueblo”.

 Vamos a reconstruir el argumento que quedaría así:

“Todo lo que compra el pueblo es bueno”  F

“al licor Texas lo compra el pueblo”  V

“Por lo tanto, el Licor Texas es bueno”  F o V

Es una falacia si encontramos en el diagrama de valores de verdad una premisa falsa, nuestra candidata es la primera premisa, no podemos afirmar que algo es bueno solo porque lo compra mucha gente, eso sabemos que no es cierto. Es más, si mucha gente decide tomar veneno, o dejar de vacunar a sus hijos, esta conducta no es buena, y no va serlo por la cantidad de personas que la ejecuten. La bondad o la certeza de algo no están sujetas a la cantidad de gente que haga algo o que crea algo. Yo no puedo establecer la cantidad de lunas de Marte por encuestas. Entonces, si la primera premisa es falsa, ya no puedo afirmar que necesariamente la conclusión: “el licor Texas es bueno”, sea verdadera, porque la razón que se da para ello contiene una premisa falsa. Incluso podría resultar que el licor sea realmente bueno, pero es una falacia igual porque su aptitud  y buenas propiedades son debidas a otras razones y no a que sea comprado por el pueblo. Si alguien afirma esto, comete una falacia que se llama ad populum, o apelación al pueblo.

De este modo, con un poco de ingenio podría formalizarse toda falacia informal y mostrar en dónde fallan, al hallar una premisa falsa. Un último ejemplo:

 “Estas pastillas homeopáticas curan, pues me las dio mi médico que es muy bueno”

Otro entimema, en la cual falta una premisa, la conclusión es que “las pastillas homeopáticas curan”, pero ¿cuál es la razón?, bueno, se nos dice que es así porque se las recetó un médico bueno, es decir competente. Debemos reconstruir el argumento y buscar una relación que permita deducir la conclusión. Si nos preguntamos ¿de dónde se deduce que los médicos competentes recetan siempre medicamentos que curan? Pues de la primera premisa reconstruida:

“Todos los médicos competentes recetan siempre medicamentos que curan”  F

“Estas pastillas homeopáticas me las recetó un médico competente” V

“Por lo tanto, estas pastillas homeopáticas curan” F

Otra vez, sabemos que la primera premisa es falsa, porque si bien es cierto que los médicos competentes suelen recetar medicamentos que curan, esto no hace que sea imposible que receten otros supuestos medicamentos que curan, de hecho los homeópatas son médicos, por lo tanto es falso que siempre receten medicamentos que curan. Un medicamento tiene la propiedad de curar una enfermedad en virtud de estudios científicos que se realizaron, y los preparados homeopáticos no pasaron la prueba en estudios científicos.  Esto es lo que debemos aducir para decir si algo cura o no, y no la palabra de una autoridad como un médico. La falacia de autoridad es un argumento que intenta establecer la verdad de la conclusión por medio de los dichos de una autoridad en el campo aludido. Debemos entender lo siguiente, ninguna autoridad, ni título, ni premio Nobel sirven para establecer que algo sea verdadero, la verdad de un enunciado se verifica de acuerdo a las evidencias científicas y no de acuerdo a dichos de científicos u otras autoridades en el campo de la ciencia.

Y así es como nos damos cuenta de que es una falacia, me parece un método sencillo y rápido de mostrar sin lugar a dudas de lo falaz de un razonamiento. No pretendo decir que es la única manera ni la mejor, pero si pienso que es la  más rápida y sencilla.

Bibliografía

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Suppes, P. Hill, S. (2019) Introducción a la lógica matemática. Editorial Reverte. Barcelona

Tarski, Alfred. (1951) Introducción a la lógica. Espasa Calpe. Buenos Aires

Breve aproximación teórica y revisión de antecedentes acerca de procesos cognitivos en animales no humanos

Autor: Augusto Scalona

Publicado originalmente en: Scientia in verba Magazine. Volumen 4. Ciencias cognitivas 

Quizá algunos no saben que aun hoy, mucha gente, incluso personalidades formadas en ciertas ramas de la ciencia, afirman rotundamente que los animales no humanos no tienen cultura, no tienen memoria episódica, actúan por instinto, no fabrican herramientas, no tienen compasión, etc. Consideran a los animales como sujetos sin procesos cognitivos superiores. Este trabajo no pretende afirmar lo contrario, en todo caso pretende exponer que no hay un consenso firme, pero que sí hay descubrimientos que sugieren que los animales pueden hacer distintas cosas que las personas a menudo solo atribuyen al humano. La intención del trabajo es también hacer un breve recorrido evolutivo en pos de dejar en claro que es inconcebible la idea de que el homo sapiens no devenga de sus antepasados remotos.

Aclaración: Antes que nada, considero necesario establecer la diferencia entre cognición e inteligencia: mientras que la cognición tiene que ver con la transformación de información sensorial en conocimiento del entorno, la inteligencia es la habilidad para resolver mejor los problemas en menor cantidad de tiempo. (Piaget 1947)
Todos los animales acumulamos información que nos va a servir en el futuro, desde encontrar nueces o agua hasta ir a pagar impuestos. Podemos ser muy hábiles recolectando información a montones, y ser poco exitosos poniendo a prueba aquello que ya almacenamos, y del mismo modo, podemos recolectar poca información que nos servirá a futuro en nuestra vida pero ser excepcionales ejecutando aquello que ya aprendimos. El estudio evolutivo de la cognición en animales, incluyendo a los humanos es un campo emergente desde 1980 y se empezó a profundizar aún más en la década de 1990. Las capacidades cognitivas habrían evolucionado a lo largo del tiempo haciendo más eficientes sus funciones específicas (Diéguez Lucena 2011)

Orígenes

El orden de los primates tiene un origen evolutivo aún bastante desconocido, por consiguiente también es desconocido con precisión el origen del homo sapiens. Aunque todas estas estimaciones están sujetas a revisión, los cálculos más recientes sitúan la aparición de primates hace aproximadamente 85 millones de años. El suborden de los antropoideos que comprende a los monos del nuevo mundo, a los monos del viejo mundo, gibones, grandes simios y al humano cuenta con unos 35 millones de años, y dentro de él, la superfamilia de los hominoideos que reduce a las especies de gibones, simios y humanos tiene una antigüedad estimada de unos 25 millones de años o quizás algo más. (Paterson 2006. Diéguez Lucena 2011 pag 106). El origen del género humano (Homo) muy probablemente se sitúa en África hace unos 2,5 millones de años, al comienzo del pleistoceno. Si vamos aún más atrás, hace 7 millones de años, los ancestros de los actuales chimpancés y humanos eran los mismos, sin embargo hoy día chimpancés y humanos somos diferentes. Nuestro parecido genético con chimpancés es del 98,6 % del ADN, del 98,2 % con los gorilas y del 98 % con los orangutanes (Marques Bonet 2009).

Un orden de sucesos evolutivos del humano expresado brevemente por el filósofo Jesús Mosterín es el siguiente:

En un comienzo fuimos procarios que nos asociamos con otras bacterias en la célula eucariota. Luego respiramos porque en cierto momento nos hicimos aerobios. Poseemos un sistema nervioso porque cuando éramos medusas desarrollamos las neuronas. Tenemos columna vertebral porque en cierto momento posterior nos transformamos en vertebrados, después adquirimos mandíbulas y por consiguiente la capacidad de masticar en el momento en que nos hicimos gnatóstomos. Salimos del mar con los tetrápodos. Desarrollamos nuestra visión estereoscópica cuando éramos primates. Bajamos de los arboles cuando eramos simples homininos… Ahora somos eucarios, aerobios, sexuales, animales, animales, bilaterales, deuteróstomos, cordados, homínidos y homíninos. (Mosterin 2013).

Seguramente mucha gente no está al tanto de esta información, o peor aún pretende ignorarla para aferrarse a dogmas con fuerte carácter antropocéntrico apelando a que el homo sapiens es algo así como un animal tocado por Dios con capacidades que aparecieron por arte de magia y no por procesos evolutivos. En una encuesta realizada por la empresa de sondeos Gallup en 2014, un 42% de estadounidenses cree que Dios creo a la humanidad, mientras que un 19% cree en la teoría de la evolución (*). Bueno, a pesar de que Darwin desarrolló la teoría de la evolución por selección natural en 1838, aun hoy en día hay mucha gente que sorprendentemente se opone a dicha idea, como por ejemplo Andrew Norman Wilson con su libro “Charles Darwin: el hacedor de mitos victorianos”. Por su parte el escritor estadounidense Tom Wolfe afirma en una entrevista de 2016(**) que “la teoría de la evolución es un cuento” además de dicha afirmación, dice que es un mito imposible de comprobar. Otro ejemplo es el del biólogo molecular australiano Michael Denton, quien en su libro “Evolución: una teoría en crisis (1986)” dice lo siguiente:

Es incuestionable que Darwin carecía de lo que pudiera considerarse pruebas suficientes que fundamentaran su teoría de la evolución. […] Su teoría general de que toda la vida terrestre se había originado y había evolucionado por causa de una acumulación gradual y sucesiva de mutaciones fortuitas sigue siendo, como en tiempos de Darwin, una hipótesis llena de especulación que no tiene ningún apoyo directo de los hechos, y que está muy lejos de ser esa proposición evidente por sí misma que desearían que creyéramos algunos de sus partidarios más combativos. […] Cabría esperar que una teoría de tanta importancia, una teoría que literalmente cambió el mundo, fuera más que simple metafísica, algo más que un mito.

Otra crítica a la teoría de la evolución vino por parte de Popper, diciendo que al no tener a mano otro ejemplo de evolución, no se podía contrastar. En todo caso, más adelante Popper reconocería haber estado equivocado argumentando que la teoría de la evolución guía los esfuerzos de la ciencia en búsqueda de explicaciones. (Schwartz 1984)

La teoría de la evolución por selección natural

La teoría de la evolución por selección natural nos ha permitido explicar el melanismo de ciertas polillas del norte de Inglaterra, la rápida adquisición de resistencia a los antibióticos por parte de distintas bacterias, o a los insecticidas por parte de los insectos, la velocidad en la carrera de gacelas, la persistencia de la anemia falciforme (una enfermedad de origen genético) en algunas poblaciones humanas del norte de África y un largo etcétera que pueden localizarse por lo general en  distintos manuales de biología evolucionista. Pero no contamos por el momento con una explicación científicamente bien establecida y suficientemente detallada del origen y desarrollo evolutivo de las capacidades cognitivas en los seres vivos. (Diéguez Lucena 2011)

Según el filósofo de la mente Daniel Dennett, los humanos descendemos de un cúmulo de moléculas que hace miles de millones de años empezaron a autorreplicarse, dando inicio al proceso de selección natural. En uno de los capítulos de su libro “tipos de mentes” (Dennett 1996) clasifica sistemáticamente los distintos tipos de diseño que generó la naturaleza para atravesar los procesos de selección: se refirió a criaturas darwinianas como aquellas con comportamientos y conductas extremadamente simples tales como las macromoléculas, por ejemplo una enzima, que es una proteína que está flotando pasivamente, no hace nada, hasta que por casualidad se topa con otra molécula específica y entonces realiza una determinada acción con ella (por ejemplo, en nuestro sistema digestivo podemos encontrar enzimas que “trocean” las moléculas que ingerimos en piezas más pequeñas).

Las segundas criaturas en el orden de Dennett serían las skinnerianas, llamadas así claramente en honor a B. F. Skinner. Estas tienen una gama un poco más amplia de comportamientos, con posibles pruebas y errores, donde los aciertos, se van repitiendo a medida que el éxito conlleva a dichas criaturas avanzando en la selección natural.  Dado que las pruebas y errores a veces pueden llevar a la muerte, las criaturas skinnerianas necesitan un refinamiento. Una buena manera de evitar los peligros es realizar una selección previa de las posibles conductas para descartar aquellas que conducen al fracaso, permitir que sus hipótesis mueran antes que mueran ellas. A ellas les puso el nombre de criaturas popperianas, en honor a Karl Popper.
Según Dennett, todos los vertebrados y la gran mayoría de los invertebrados somos capaces de llegar a ser criaturas popperianas.

El último piso de “la torre de Dennett” lo componen las criaturas gregorianas, en alusión a Richard Gregory, psicólogo que advirtió la importancia de lo que él llama inteligencia potencial. Según Gregory, una herramienta, como un hacha o unas tijeras, no sólo es un fruto de la inteligencia de su creador, sino que constituye una fuente de inteligencia adicional para aquel que la usa. Cuando le damos unas tijeras a alguien, multiplicamos su capacidad de hacer movimientos inteligentes (aumentamos su inteligencia potencial). Cuanta más inteligencia haya en el diseño de una herramienta, mayor será la inteligencia potencial confiada a su usuario (un hacha sencilla y tosca no es el tipo de herramienta más adecuada para cortar el papel, pero las tijeras, con un diseño más inteligentemente dirigido a ese cometido concreto, permitirán a su usuario mayor habilidad). Vemos así como las herramientas (su fabricación y su uso) constituyen un salto importante en la capacidad de los seres vivos para realizar tareas cada vez más complejas y útiles con más eficacia. Pero no sólo los objetos externos pueden servir como fuente de inteligencia potencial para la criatura gregoriana, no menos importantes son las “herramientas mentales”. Un tipo de herramienta mental o interna que representa un paso realmente gigantesco en la evolución humana lo constituyen las palabras. Utilizando los conceptos y las palabras como “muletas” para elevarse aprovechando el conocimiento de otros, la criatura gregoriana alcanza niveles de inteligencia que serían impensables si no contara con esas ayudas. Pero además, al incorporar las palabras a nuestro universo imaginado, y jugar con ellas combinándolas de diferentes formas, aquellas criaturas fueron dando el paso revolucionario desde el mero “hacer cosas”, sin saber que las hacían, a la auténtica reflexión acerca de los propios actos, eso que estamos de acuerdo en llamar conciencia. (Dennett 1996)

Esta explicación de Dennett ha sido aceptada por muchos, uno de ellos es el historiador y escritor israelí Yuval Harari, quien la expone largo y tendido en su libro “Homo Deus”, pero también ha generado rechazo en la comunidad científica, por ejemplo por el filósofo y físico Mario Bunge, quien trata la explicación de evolución biológica mediante algoritmos como un mito. Explicado por el propio Bunge en su libro junto a Rubén Ardila “filosofía de la psicología”:

Desgraciadamente, su versión popular funda sobre una idea equivocada de la evolución y consiste en especulaciones fantásticas. Aquélla es que el único mecanismo evolutivo es la selección natural, y que ésta solo selecciona las características adaptativas, eliminando las que carecen de valor de supervivencia. Esta opinión, llamada “adaptacionismo”, es errada, porque los organismos de todas las especies tienen características no adaptativas, tales como las muelas del juicio, y otras que no son favorables ni desfavorables, tales como el color de los ojos. 

La evolución biológica no se caracteriza tanto por la adaptación como por la reproducción: las variedades más exitosas de una especie son las de mayor fertilidad (o adaptación darwiniana). En segundo lugar, todos los animales, en particular los vertebrados superiores, modifican sus ambientes además de adaptarse parcialmente a ellos. Por algo el ser humano ha sido descrito como Homo faber. En tercer lugar, la evolución social tiene que haber tenido tanto peso como la natural en la evolución de las capacidades mentales. Baste pensar en el lenguaje como herramienta de comunicación así como de pensamiento. (Bunge 2002)

 

Bunge, con su tajante estilo crítico, considera a la psicología evolucionista iniciada por Darwin como una protociencia, y adjudica que debe ser tomada en serio por la neurociencia cognitiva, no por escritores de fantaciencia. En una conferencia, a una oyente que le pregunto qué opinaba sobre el tema, Bunge le expreso que, si somos estrictamente un producto de la selección natural, no tendríamos uñas de los pies, ya que no cumplen ninguna función. (Bunge 2014)

Bunge suele confundir “psicología evolucionista” con “psicología evolutiva”. También hace una distinción entre la teoría de la evolución de Darwin la cual considera como protocientifica, con posteriores tesis, como por ejemplo “la torre de Dennett” de Daniel Dennett, considerando esta última como pseudocientífica. (****)

Posible origen del homo sapiens:

A propósito de la selección natural, la misma actúa sobre algunas de las mutaciones que de vez en cuando se producen en el genoma. Por ejemplo, la exposición excesiva a la radiación ultravioleta puede provocar la producción de mutaciones en genes relevantes tales como el p53, esta mutación refiere a la progresión tumoral en la piel mediante la selección de clones de células resistentes a la apoptosis, generando cáncer de piel. (Cabrera Morales & López-Nevot 2006)

En relación a la selección natural, se especula que una tal mutación en el gen de la miosina MYH16 desempeñase un papel decisivo en el origen del género humano. Las miosinas son unas proteínas que forman parte de las fibras musculares. Precisamente es la contracción de las miosinas de un musculo lo que hace que el musculo entero se contraiga. La miosina MYH16, codificada en el gen del mismo nombre, produce la contracción de los músculos masticatorios en primates. Los homínidos no humanos tienen poderosos músculos masticatorios, anclados en la cresta superior del cráneo, lo que limita la capacidad del crecimiento del cráneo y, por tanto, del cerebro. Los Homo sapiens poseemos débiles musculos masticatorios, engarzados en los huesos temporales, lo que deja libres de musculatura las fisuras por las que el cráneo puede crecer (Mosterin 2013). El gen MYH16, situado en el cromosoma humano 7, sufrió una mutación hace aproximadamente 2,4 millones de años en el linaje homínino que dio lugar al género Homo. Esta mutación, que impide que el gen se exprese adecuadamente está presente en todas las poblaciones humanas y no se encuentra en ninguna otra especie de primates estudiada (Stedman2004). El consiguiente “defecto” muscular permite al cráneo y por consiguiente al cerebro que esta adentro, crecer sin impedimentos (Mosterin 2013).

La capacidad de usar la información para generar representaciones cognitivas e improvisar la conducta le otorgó a los seres humanos una enorme ventaja, ya que les permitió una innovación rápida y flexible. Gracias a ella, los seres humanos han alcanzado una serie de logros que pueden ser considerados como únicos en el mundo animal, tales como el diseño,  fabricación y utilización de tecnología sofisticada, la articulación de grupos sociales complejamente estructurados e interrelacionados, el razonamiento sobre causas inobservables, la posesión de un lenguaje con gran potencia descriptiva y argumentativa, etc. (Mosterin 2013). Dentro de la psicología cognitiva, hay diversas tesis sobre el origen de las representaciones cognitivas, solo hare hincapié en la más tradicional, que es la concepción proposicional, la misma propone que la representación mental vendría a tomar la forma de una proposición. El supuesto de partida es que la mente es un procesador del tipo de símbolos que procesan las máquinas de computación de Turing (modelo matemático de un dispositivo que se comporta como un autómata). Un buen ejemplo de esto son los programas de ajedrez por computadora, donde la maquina sabe  cómo mover las piezas en los distintos planteamientos según como se presente la partida. La tarea del investigador residiría en: a) elaborar un modelo sobre las operaciones mentales que tendría que realizar un sujeto para resolver una tarea; y b) elaborar un programa de simulación por ordenador que detalle estas operaciones mentales. Posteriormente, el algoritmo resultante se implementaría en una máquina de computación. En la medida en que el comportamiento de la máquina y el comportamiento del sujeto humano se parezcan, el modelo será frenado. (Pylyshin 1983).

Los animales tienen también cierto grado de cultura, de uso de lenguaje, de tecnología y de planificación, pero solo cierto grado, distanciado del grado en que el ser humano manifiesta todo ello. Por ejemplo, en Costa de Marfil se excavo un yacimiento de “tecnología percusiva de piedra” (que incluye conjuntos de piedras y restos de nueces aplastadas) en un bosque tropical donde los chimpancés deben haber estado cascando nueces desde hace al menos cuatro mil años, pudiendo situar a estos animales en su propia Edad de Piedra (Mercader 2007)

¿Cómo y por qué surgió esa alta capacidad cognitiva en los seres humanos, que sin duda tiene sus costes metabólicos, ya que el tejido neuronal consume bastante más energía que los demás tejidos? Lo cierto es que nadie lo sabe con suficiente seguridad científica, e incluso durante mucho tiempo se ha evitado expresamente la cuestión por parte de biólogos, etólogos y psicólogos. Sobre el final del trabajo ahondare un poco más sobre esta cuestión diferencial de conciencia entre el homo sapiens y el resto de los animales.

 

Distintas escuelas y sus métodos de estudio

El estudio del comportamiento de los animales hoy en día es multidisciplinar y no conlleva fuertes enfrentamientos devenidos de diversas escuelas con sus respectivos métodos de estudios, pero esto no fue siempre así. Desde fines de la década del 40 la etología y la psicología comparada estudiaban de maneras diferentes, no solo por sus métodos sino también por sus distintas consideraciones éticas. Por un lado la etología se encarga de observar el comportamiento natural, mientras que el conductismo (en animales no humanos al menos) se caracterizó por el comportamiento controlado, evidencia de esto último son experimentos tales como el “laberinto acuático de Morris” que consiste en un test de memoria estándar que se ejecuta con ratas de laboratorio que tienen que nadar frenéticamente en un tanque de agua con paredes altas hasta que dan con una plataforma sumergida donde pueden sustentarse, y en los ensayos siguientes tienen que recordar la localización de la plataforma. (Vicens, Redolat & Carrasco 2003).

Otro ejemplo es el experimento llevado a cabo por Louise Buckley donde ella afirmaba que los pollos privados de comida no destacaban especialmente en pruebas de laberinto. Su intención era la de mantener a los pollos con un peso corporal del 85% de su peso corporal típico sugiriendo que de ese modo (teniendo hambre) iban a poder resolver el laberinto. Al estudio lo llamó “too hungry to learn?” (¿demasiado hambriento para aprender?) (Buckley 2011)

La palabra etología derivada del griego ethos (hábito) fue introducida por científicos franceses en el siglo XVIII para referirse al estudio del comportamiento típico de las especies. En 1902 el naturalista norteamericano William Morton Wheeler popularizó el termino aplicándolo al estudio de los “hábitos e instintos” (William Thorpe 1979). La novedad de la etología era adoptar la perspectiva de la morfología y anatomía para estudiar el comportamiento. Si los conductistas eran en su mayoría psicólogos, los etólogos solían ser zoólogos (de Waal 2016). Desde la etología se ha criticado la posición de la psicología comparada (hecha por conductistas) y sus estudios sobre los animales. Por ejemplo, el etólogo austriaco Konrad Lorenz en la década del 50 hizo el comentario irónico de que la psicología comparada “no comparaba nada” por su fuerte carácter antropocéntrico, el cual tiende a comparar a los animales (considerándolos todos por igual) con los humanos. (de Waal 2016). Esta crítica de Lorenz fue debido principalmente a la interpretación que daba uno de los fundadores de la psicología comparada B. F. Skinner, quien contemplaba a los animales como meras versiones simplificadas de las personas: un mono es un ser humano simplificado, una rata es un mono simplificado, y así sucesivamente. Evidencia de ello es su libro “The Behavoir of organisms” (el comportamiento de los organismos) donde en la página 230 dice “Paloma, rata, mono, ¿Cuál es cuál? No importa.” (Skinner 1938, 1956 pag 230)

El afianzamiento de las distintas escuelas no se dio de la noche a la mañana: en 1970 el psicólogo norteamericano Gordon Gallup demostró por primera vez que los chimpancés reconocen su imagen en un espejo y hablo de autoconciencia, en seguida el primer contraataque vino de Skinner quien se apresuró a adiestrar palomas para que picotearan manchas en su plumaje frente a un espejo (Robert Epstein 1981). A Skinner y su equipo les parecía que si podían reproducir un comportamiento similar, el misterio quedaba resuelto. No importaba que necesitaran cientos de recompensas en forma de grano para conseguir que las palomas hicieran algo que chimpancés y seres humanos hacen sin ningún adiestramiento. También se puede adiestrar peces de colores para que jueguen al futbol y osos para que bailen, pero ¿alguien cree que esto nos dice gran cosa sobre las capacidades de las estrellas de futbol o los bailarines humanos? Otro equipo de investigación paso años siguiendo exactamente el mismo procedimiento, con la misma raza de palomas, sin ningún resultado. Al final publicaron un artículo donde se criticaba el estudio original con la palabra “pinocho” en el título (Thompson y Contie 1994, Uchino y Watanabe  2014). El segundo contraataque fue una nueva interpretación del test del espejo que sugería que el reconocimiento propio observado podría ser un efecto colateral de la anestesia empleada en el procedimiento de marcado. Podía ser que cuando un chimpancé se recuperaba de la anestesia, se tocaba la cara al azar, lo que se traducía en un contacto accidental con la marca (Celia Heyes 1995). Esta idea fue prontamente rebatida por otro equipo que registró meticulosamente las áreas faciales que se tocaban los chimpancés. Resultó que la distribución de toques estaba lejos de ser aleatoria, y se concentraba en el área marcada justo después de que el animal viera su propio reflejo (Povinelli 1997). Esto era lo que se venía afirmando desde el comienzo, solo que ahora era oficial  (de Waal 2016).

No es la intención hacer un juicio de valor sobre qué escuela fue más rigurosa en sus comienzos, o cual implicó mayor eficacia en el estudio del comportamiento animal, sino meramente exponer que en sus comienzos no había tanto trabajo en equipo. Actualmente las diferencias fueron dejándose de lado y se trabaja de modo complementario entre etólogos, psicólogos conductistas y otros profesionales como biólogos y neurólogos. La crítica interna creciente en ambos bandos (etólogos y psicólogos) promovió el entendimiento y respeto mutuo (de Waal 2016). El estudio del comportamiento social y la cognición promueve justamente la integración de las observaciones de campo y en cautividad. Ambas representan piezas del mismo rompecabezas. Lo ideal es usar las evidencias de ambas fuentes para sustentar las teorías cognitivas. Vale aclarar que hoy en dia las observaciones de campo son documentadas con cámaras digitales que graban el comportamiento constante de los animales, acompañado de recolección de materia fecal con ADN entre otros procedimientos. Décadas anteriores los etólogos se encontraban simplemente con un cuaderno de anotaciones.

A propósito del eficaz uso de la tecnología para el estudio del comportamiento de los animales, en Namibia un seguimiento de elefantes en libertad con collares provistos de GPS permitió descubrir que estos animales perciben las tormentas a enormes distancias, y ajustan sus rutas de migración según las lluvias días antes de que lleguen. ¿Cómo lo hacen? Los elefantes pueden oir los infrasonidos, que son ondas sonoras por debajo del espectro auditivo humano. Estos sonidos, que también emplean para comunicarse, tienen mucho más alcance que los que somos capaces de discernir. Parece que la única manera de explicar el comportamiento de las migraciones es que puedan oir los truenos y lluvias a cientos de km de distancia. (Garstang Michael 2014)

Cogniciones e inteligencias

Cada especie resuelve las cosas a su manera, por eso el primatólogo holandés Frans de Waal sugiere decirlo en plural (de Waal 2016). Esto ayuda a evitar hacer comparaciones según una escala única inspirada en la Scala Naturae de Aristóteles, que va desde Dios, y los seres humanos en lo alto, hasta los otros mamíferos, las aves, los peces, los insectos y los moluscos por orden descendiente. A continuación, expondré varios estudios que involucran procesos cognitivos en los animales.

El uso de herramientas por parte de aves: Recientemente se ha descubierto que los cuervos pueden emplear meta-instrumentos (o meta-herramientas), es decir, pueden utilizar elementos para conseguir otros elementos con los que obtener lo deseado, por ejemplo, comida. En un experimento realizado con siete cuervos, todos ellos fueron capaces de usar una rama corta para obtener de una caja una rama más larga con la que alcanzar un trozo de alimento que era inalcanzable solo con la rama más corta (Taylor 2007). Este resultado, obtenido sin ensayo previo, parece indicar, tal como sugieren los autores del experimento, que los cuervos son capaces de resolver ciertos problemas realizando analogías con otros problemas previamente resueltos (Diéguez Lucena 2011)

El uso de herramientas por parte de primates: Con respecto al manejo de piedras como herramientas en chimpancés, ha sido estudiado por Boesch en el parque nacional de Taï en Costa de Marfil, por Sugiyama en Guinea y por Matsuzawa en Bossou. Los chimpancés utilizan piedras para romper nueces y frutos. Emplean una piedra grande a modo de yunque y una piedra más pequeña como martillo. El tamaño, dureza y forma de la piedra escogida varía en función del fruto que va a ser abierto. Se ha observado, además, que los chimpancés transportan los frutos y/o las piedras hasta los lugares donde se encuentra la piedra yunque, que es la más pesada (puede pesar hasta veinte kilos) y son utilizadas año tras año. Esto implica que los sujetos son capaces de memorizar su localización (Matsuzawa, 2001 ). Otro caso: Los chimpancés de Senegal se ha observado que cazan sus presas con la ayuda de herramientas (Pruetz, et al. 2014).

Mas evidencia del uso de herramientas por parte de primates fue descubierto por la primatóloga Crickette Sanz en el Triángulo de Goualougo, en el Congo, donde no es raro ver a una hembra llegar a un claro del bosque con dos bastones diferentes. La combinación siempre es la misma: uno es un tallo leñoso de alrededor de un metro de largo, mientras que el otro es un tallo herbáceo flexible. La hembra, luego de llegar, procede a hincar deliberadamente el primer bastón en el suelo, trabajando con las manos y los pies como haríamos nosotros con una pala. Una vez que cavó lo suficiente para perforar un nido de hormigas legionarias bajo la superficie, saca el bastón y lo huele antes de insertar cuidadosamente la segunda herramienta. El tallo flexible es mordido por insectos que ella saca y devora, repitiendo la operación regularmente. Sanz reunió más de un millar de estas herramientas, lo que da idea de lo corriente que es la combinación perforador/sonda (Sanz 2010, de Waal 2016)

En 1952 el primatólogo japonés Kinji Imanishi, pionero en su país en el estudio de los primates, junto a su equipo de investigación descubrieron algo que en su momento dejo perplejo a más de uno. Los investigadores lanzaban batatas a la playa, se llenaban de arena y eran difíciles de consumir. A una joven primate a la cual los investigadores llamaron “Imo” se le ocurrió lavarlas en un arroyo cercano, y luego comerlas. Otros macacos de la comunidad empezaron pronto a imitarla, lavando y comiendo batatas. En otro momento posterior a Imo se le ocurrió lavar las batatas en el agua salada de mar, siendo así más sabrosas, conducta que también fue adoptada por el resto de la comunidad local de macacos. Dos años más tarde, imanishi y el resto de su equipo decidieron tirar granos de trigo a la arena. Algunos macacos trataban de recogerlos de a uno, pero el procedimiento era demasiado laborioso. De nuevo Imo, que ahora ya tenía cuatro años, tuvo una idea genial: separar el trigo de la arena echando puñados de arena mezclada al agua; la arena se hundía y los granos flotaban, siendo así recogidos fácilmente. Nuevamente esta innovación de Imo encontró amplia aceptación en el grupo, y fue enseñada por las madres a las crías (Imanishi 1952, Itani & Nishimura 1973, de Waal 2016, Mosterín 2013).

Los Cercopithecus aethiops, más conocidos como monos tota implementan tres tipos de avisos distintos para avisarse entre ellos del avistamiento de depredadores: uno para las águilas, otro para las serpientes y otro para los leopardos. Cada una de las llamadas está ligada siempre al mismo tipo de depredador y es entendida de ese modo por todos los miembros del grupo, quienes responden de la manera certera (refugiándose en los arbustos en el primer caso, alzándose y mirando al suelo en el segundo y subiéndose a un árbol en el tercero) (Seyfarth, Cheney & Marler 1980)

Si nos atenuamos a una definición modesta pero precisa de la palabra cultura, en palabras de Jesús Mosterín, podemos reconocer fácilmente que los dos últimos casos pertenecen a un contexto cultural:

“La cultura es información almacenada en el cerebro y adquirida por aprendizaje social. El genoma procesa información lentamente a largo plazo, que es transmitida de padres a infantes a infantes por medios genéticos y constituye nuestra naturaleza. El cerebro procesa rápidamente la información a corto plazo, que se transmite de cerebro a cerebro por medios no genéticos (por aprendizaje social) y constituye esa red de información a la que llamamos cultura. Cada uno de nosotros tiene su cultura, la información cultural almacenada en su cerebro. La cultura de un grupo social o étnico puede ser definida en función de las culturas de sus miembros” (Jesús Mosterín 2009)

Resolución de problemas sociales: Parece ser que el homo-sapiens no es el único animal en la actualidad capaz de resolver problemas sociales mediante el uso de procesos cognitivos, a continuación veremos un ejemplo que respalda esta idea.

Un grupo de primatólogos argentinos recolecto datos referidos a la cantidad de abrazos entre monos aulladores negros desde enero del 2004 hasta diciembre del mismo año, dando un resultado sorprendente: En todo el año se registraron un total de 129 abrazos, y sus contextos de ocurrencia principales fueron 71% encuentros entre grupos, 13% aullidos sin contacto visual con otros grupos, 11% cambio de posición del macho central y 5% excursiones extra grupo. Los resultados indican que los abrazos entre machos se manifiestan principalmente en momentos de tensión grupal. Algunas de las funciones sugeridas son las de aliviar tensión intergrupal, reforzar lazos sociales y evitar eventos agresivos (M. Kowalewski, M. Raño y S. Gennuso, 2018). A su vez, los comportamientos afiliativos y el establecimiento y mantenimiento de lazos sociales se encuentran signados por un componente fi­siológico muchas veces no incluido cuando se explora su funcionalidad en primates (Dunbar 2010; Seyfarth & Cheney 2012; Trumble et al. 2015). La decisión de relacionarse cooperativa o competitivamente con otros individuos se expresa en la actividad de las áreas del cerebro involucradas en el aprendizaje y valoración (Bush et al. 2000; Rilling et al. 2002; Lee 2008). Uno de los principales sistemas neuronales de recompensa es el sistema de la dopamina (Schultz 1998) y en la actualidad se estudia el rol preponderante de la oxitocina y vasopresina (Suay et al. 2015). A pesar de ser un campo en exploración, estos resultados sugieren que los comportamientos afi­liativos tienen recompensas neuronales per se, y esto les otorga una ventaja adaptativa intrínseca. Los abrazos y ceremonias de saludos podrían asociarse a un aumento de la tolerancia social y una disminución de las interacciones agresivas en el contexto de competencia por recursos limitados (Colmenares et al. 2000; Kuester & Paul 2000; Whitman & Maestripieri 2003; Kutsukake et al. 2006; Aureli et al. 2012). En este contexto los abrazos también pueden ser considerados como reconciliatorios, y por lo tanto como un comportamiento reparador de una relación que ha sufrido cierta inestabilidad (Kappeler & van Shaik 1992; de Waal & Aureli 1997; Cords & Aureli 2000) o bien, un comportamiento que constituye una señal honesta dando aviso de que el conflicto ha terminado (Silk 2000, 2002).

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A propósito de la memoria episódica: El psicólogo estonio-canadiense Endel Tulving define la memoria episódica como el recuerdo de lo que ocurrió en un lugar y un tiempo dados. Esta idea sugiere que la investigación de la memoria debe responder al qué, el cuándo y el dónde (Tulving 1972-2001). El primero desafío a la afirmación de Tulving de que la memoria episódica se limita al homo sapiens, vino precisamente de un experimento, no con antropoides sino con aves. Junto con Anthony Dickinson, Nicky Clayton aprovechó la tendencia acaparadora de sus charas californianas para examinar lo que recordaban de su comida almacenada. Les proporcionaron viandas diferentes para que escondan, unas perecederas (orugas) y otras duraderas (cacahuetes). Cuatro horas después, las charas buscaban las orugas –su comida favorita- antes de ir por los frutos secos, pero cinco días más tarde su respuesta se invirtió. Ni siquiera se molestaban en buscar los gusanos, que para ese entonces se habrían estropeado y tendrían mal sabor, sin embargo aún recordaban las localizaciones de los cacahuetes. El olor podía descartarse como guía, porque para cuando las aves pasaron el test, los científicos registraban pautas de búsqueda en ausencia de comida. Este estudio fue bastante ingenioso, e incluía unos cuantos controles adicionales, lo que permitió a los autores concluir que las charas recuerdan qué cosas han escondido, en qué lugar y en qué momento del tiempo. (Clayton y Dickinson 1998)

Hay muchísimos más casos bien documentados que sugieren distintos niveles de procesos cognitivos como los desarrollados anteriormente, aunque tampoco es la idea hacer una recopilación por demás extensa. Considero que con los expuestos, más de uno podría dejar de lado creencias arraigadas a la concepción de los animales como meros seres que reaccionan mediante estimulo-respuesta.

Por último, para plantar más dudas, vale aclarar algunos datos respecto a la conciencia. Antes que nada, es posible deducir que tenemos un nivel más alto de conciencia que cualquier otro animal, ahora bien, si intentamos esclarecer el por qué, se pone un poco complicado: ¿Qué hay de los animales que tienen cerebros mayores que los nuestros, tales como el delfín (1,5 kg de cerebro), el elefante (4 kg de cerebro) o el cachalote (8 kg de cerebro)? ¿Son estos animales más conscientes que nosotros? Se puede apelar a que no depende del peso sino del número de neuronas. En todo caso, durante mucho tiempo se pensó que nuestro cerebro contenía más neuronas que ningún otro, con independencia del tamaño, pero ahora sabemos que el cerebro del elefante contiene el triple de neuronas (257.000 millones para ser exactos), aunque se distribuyen de manera diferente, con la máxima densidad en el cerebelo. En nuestro cerebro tendemos a destacar los lóbulos frontales (ensalzados como la sede de la razón), pero los últimos estudios anatómicos sugieren que no son para tanto, de hecho el cerebro humano viene a ser un “cerebro primate aumentado linealmente de escala”, lo que quiere decir que ninguna región es desproporcionadamente grande (Semendeferi, Schenker & Damasio 2002, Herculano-Houzel Suzana 2009 y 2014, Azevedo Frederico 2009)

Como conclusión podemos decir que la intención de los científicos en el campo de la cognición es demostrar procesos mentales propuestos mediante la medición de resultados observables. Este campo no es diferente a otros sectores como la física o la química. La ciencia siempre parte de una hipótesis, cuyas predicciones deben comprobarse después.

 

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(**)https://www.elmundo.es/papel/lideres/2016/10/30/58121c89468aebbe468b4585.html

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