El psicoanálisis no es una ciencia

El status científico –o no- del psicoanálisis no es un asunto menor aunque muchos psicoanalistas se desentiendan del problema de cómo calificar a su práctica, y oscilen entre afirmar su cientificidad sin dar explicaciones, como un argumento de hecho; descalificar la ciencia, que es contraria a sus métodos y a sus principios; o criticar la “obsoleta” epistemología que los excluye.

La Ley Nacional Nº 26.657 de Salud Mental, aclara, en el apartado de Derechos:

“c) Derecho a recibir una atención basada en fundamentos científicos ajustados a principios éticos.”

Y en su implementación, según Decreto Nacional 603/13:

“c) La Autoridad de Aplicación deberá determinar cuáles son las prácticas que se encuentran basadas en fundamentos científicos ajustados a principios éticos. Todas aquellas que no se encuentren previstas estarán prohibidas”

La epistemología es la ciencia -o metaciencia- que tiene por objeto el estudio de las ciencias. Como toda disciplina científica, debe definir su objeto, y describirlo, lo que da como resultado una serie de características de lo científico. Aquellas prácticas que no cumplan con la mayoría de estas características simplemente no son científicas.

Algunos aspectos que no cumple el psicoanálisis:

  1. Ontología: que podríamos explicar como “cosmovisión” científica. La ontología de las ciencias fácticas es realista: cree que el mundo existe fuera de nuestra propia conciencia y puede ser explicado sin recurrir a entidades sobrenaturales, o no comprobables, como el Inconsciente, el Super-Yo, etc.
  2. Coherencia externa: Ninguna ciencia puede proponer hipótesis que contradigan otras hipótesis bien establecidas de otras ciencias. El psicoanálisis incluye especulaciones sobre la “energía psíquica”, que por ser no mensurable y discurrir por sistemas no materiales, negaría la física, entre otras varias conjeturas que han sido comprobadas como falsas por la psicología, la neurología, o las neurociencias.
  3. Falsabilidad: toda hipótesis debe ser comprobable experimentalmente, directa o indirectamente, y ser susceptible de refutación. El psicoanálisis contiene construcciones irrefutables, como el Complejo de Edipo en la formulación de Freud, y otras que fueron refutadas experimentalmente, como la represión de hechos traumáticos (1).
  4. Exactitud: El lenguaje empleado debe ser claro, preciso, exacto, y evitar la ambigüedad. En el psicoanálisis los conceptos (por ejemplo, Libido) pueden tener más de una acepción, y autores como Lacán, con su sintaxis rota, su abuso de disciplinas que ignora (topología, lógica, matemáticas), y su oscuridad, podrían ser mejor clasificados como místicos – o charlatanes- que como científicos (2).
  5. Superposición: Las ciencias comparten parcialmente las investigaciones e interactúan: la economía se sirve de la historia y de la sociología; la química se sirve de la física. El psicoanálisis está solo, aunque en el pasado haya incursionado en otros ámbitos para hacer el ridículo: por ejemplo, la explicación del origen de la cultura en Tótem y tabú, o la explicación de la revolución rusa, causada, según Gorer, por cómo ceñían el pañal las madres rusas.
  6. Comunidad crítica: La ciencia necesita de la crítica y se expone voluntariamente a ella. El psicoanálisis la rehúye, desde que Freud decidiera dogmáticamente que nadie puede hablar de su disciplina sin haber pasado por la experiencia psicoanalítica, e impusiera el análisis didáctico como requisito inevitable (3).

Célebremente, epistemólogos como Popper, Lakatos, Grünbaum, Cioffi, y Bunge consideran al psicoanálisis no científico.

No obstante, todavía se podría afirmar que, aunque no sea científico, es efectivo y cura. Lamentablemente, esto tampoco es verdad. Los estudios realizados para poner a prueba la efectividad del psicoanálisis dan resultados contrarios, que lo proponen como un tratamiento inútil, o similar a un tratamiento placebo (4). La única opción para sostener que es efectivo, es atenerse a las anécdotas y opiniones de psicoanalistas o de sus pacientes conformes (los hay también disconformes).

La opinión de psicoanalistas no es válida, pues se compone de anécdotas no comprobables; la opinión de los pacientes, tampoco, pues son casos meramente anecdóticos, que no difieren sustancialmente del relato de las personas que aseguran haber sido curadas por un curandero, un mago, la homeopatía, o su propia mente: se fundan en la falacia de afirmación del consecuente (5). Desde el punto de la evidencia, es una práctica tan justificable como el curanderismo o el vudú.

Otro factor importante es que la cura, no es lo que entendemos usualmente por cura, sino algo diferente: no implica la desaparición del trastorno, sino algo más bien difuso, que a veces puede equipararse con su aceptación: el paciente no deja de ser impotente, pero lo acepta, y obtiene a cambio de su dinero y acaso varios años de terapia una bonita explicación de su impotencia.

El resto del mundo ha abandonado el psicoanálisis en beneficio de terapias de base científica, que pueden demostrar estadísticamente sus resultados, como la terapia cognitivo-conductual. Sin embargo, sobrevive con algo de vigor en Argentina y Francia, y muchas personas creen todavía que es una ciencia, y que cura. Es importante aclarar estos puntos y desmoronar esta injustificada confianza, pues, ¿cuántas personas se someterían a la terapia psicoanalítica si se les dijera, de antemano, que es una de las más caras y largas del mercado, que no cura, en el sentido tradicional de la palabra, y que no tiene bases científicas?

Notas.

  1. Refutada por los trabajos de la Dra. Elizabeth Loftus: http://socialecology.uci.edu/search/node/loftus
  2. Para errores gruesos de Lacán en cuanto a topología, lógica y matemáticas puede leerse el capítulo que le dedican Sokal y Bricmont en su libro “Imposturas Intelectuales”.
  3. En Freud, “Lección XXXI. Disección de la personalidad psíquica”.
  4. L. Smith y G. V. Glass, “Meta-analysis of psychotherapy outcome studies”, American Psychologist, 32, 1977, p.752-760.
    El informe del Inserm (censurado por el lobby psicoanalista francés, en el 2004)
    INSERM. Psychothérapie: Trois approches évaluées”, Expertise Collective INSERM (O. Canceil, J. Cottraux, B. Falissard, M. Flament, J, Miermont, J. Swendsen. M, Teherani, J. M. Thurin), INSERM. 2004, 553 p.
    N. Sartorius. G. De Girolamo, G, Andrews, A. German & L. Eisenberg, “Treatment of mental disorders. A review of effectiveness”, Washington, WHO, American Psychiatric Press, 1993.
  5. Consiste en suponer una relación causal entre dos hechos, sin tener datos que la justifiquen (por ejemplo: hecho a. cualquier terapia; hecho b. cura o mejoría).
    Nota por; Mauro Lirussi                        

 

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